viernes, 14 de octubre de 2016

Comentarios desde la plaza del Carbayón, un libro de Luis Arias Argüelles-Meres


"La parte más grande de la verdad está siempre escondida, en regiones fuera del alcance del cinismo" (John Ronald Tolkien)

Quisiera comenzar con un breve proemio, y es que corrían los años 90 y yo era un humilde estudiante del instituto "La Magdalena" de Avilés. Más allá de los avatares semanales, el fin de semana llegaba la hora de leer la prensa con tranquilidad. Por aquél entonces, acababa de descubrir la figura de Azaña y leía todo lo que caía en mis manos de y sobre el político y escritor de Alcalá de Henares. Pues bien, he aquí que en 'La Nueva España' de uno de esos sábados o domingos, hallé un artículo titulado 'Dejen a Azaña en paz', firmado por un tal Luis Arias Argüelles-Meres. Confieso que si lo leí fue por la palabra "Azaña", entonces cuasi-proscrita del escenario general, y más en los periódicos astures. En el artículo, Luis Arias trataba de defender la figura del último presidente de la República del uso que, de él, hacían por entonces personajes como Aznar, Jiménez Losantos y otros de similar ralea y/o calaña. Me llamó tanto la atención la claridad del texto, y estaba tan de acuerdo, a pesar de mi bisoñez en todo, que a partir de entonces comencé a leer todos los artículos que publicaba aquel Luis Arias al que yo no conocía de nada. 

http://fotos00.lne.es/2013/07/04/646x260/palacete-concha.jpgDe aquellos tiempos, en una elipsis narrativa que me saco de la manga, saltemos a "Desde la plaza del Carbayón. 1957-2016. Vivencias.", el nuevo libro de aquel Luis Arias al que no conocía de nada y al que hoy admiro del todo. La obra es una recopilación de artículos con un mismo telón de fondo: su Oviedo del alma. Y digo bien "telón de fondo", pues esta serie no se circunscribe a los términos geográficos y emocionales de la heroica ciudad, sino que los traspasa con creces para hablar, ¡claro!, de la condición humana en unas cuantas de sus casi inabarcables facetas. 

http://image6.casadellibro.com/a/l/t0/36/9788416053636.jpgCasi me da vergüenza y apuro atreverme a hacer una crítica literaria, yo, de un libro de Luis Arias; del mismo profesor de literatura que, sin conocerme de nada, se leyó mi primera novela publicada ('La vieja bandera', 2014), gustándole bastante según dijo, para mi rubor, y no sólo: publicando su correspondiente crítica (puede leerse aquí) y viajando a Madrid, donde ahora vivo, solamente para presentarla en un acto del Centro Asturiano... ¡sin conocerme de nada! Esos detalles hablan de la talla humana, moral y profesional de una persona. Punto.

Sus padres y su hermana aportan referencias cálidas, aquí y allá, a muchos de los artículos, pero si una figura yo destacaría de entre ellas, es la de su padre Manuel Arias: un maestro republicano que vio a la República pasar del verbo a la carne, al que en sus últimos años le gustaba que su hijo le leyese en voz alta mientras él acariciaba el lomo de aquellos libros que poblaban su despacho y que ya no podía mirar como antes. De hecho, recuerdo que una de las primeras personas que me nombró Luis Arias cuando hablé con él por vez primera, fue a su padre Manuel. ¡Por algo sería!

A través de los artículos, pasamos de las ventanas de la casa a la plaza del Carbayón, a la calle Santa Susana o a la calle Toreno, nº 5. De ahí, a Oviedo, y de Vetusta a España y al mundo, no sólo como concepto geográfico sino, sobre todo, emocional. Se habla de nostalgia de ciudad, en Oviedo y siempre con Lanio en la retina; se habla de una incipiente política; se recuerdan evoluciones propias y también alguna ajena, proyectándolas hacia el futuro, por entonces incierto en más de un aspecto. 

Pero, sobre todo, los artículos están exentos de ese cinismo del que hablaba en la cita del nacido en Bloemfontein que encabeza esta página. 
Pero, sobre todo, los artículos están impregnados de lucidez; una lucidez quizá un tanto amarga, azañista si se me permite decirlo, en el más amplio sentido del término. 

Muchos nombres están presentes de principio a fin, de la geografía personal a la metapolítica de lugares comunes e impropios nombres, hechos y geografía vetustense aparte: autores, músicos transicionales, actrices, hosteleros, estaciones con trenes de madera, carros de caballos transportando leche, paisajes y paisanajes, edificios y palacetes arrancados de las entrañas de la historia... pero, si hay una serie de nombres que destacan son los de Clarín (también su hijo, el rector Alas, fusilado en 1937), Ortega (y por ende, Fernando Vela) y Azaña. 

El estilo es claro y definido, muy reconocible si se ha leido a Luis Arias más de una vez, introduciendo aquí y allá varios cultismos que engarza sin estridencias, al igual que una de las expresiones que más gustan al autor: atopadizo, que en asturiano no significa sino acogedor, tal y como señaló en su momento el propio Ortega y Gasset. 

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"La heroica ciudad dormía la siesta."
Dicen que dijo Kepler que le gustaba más "la crítica aguda de un hombre inteligente antes que la aprobación irreflexiva de las masas". Pues bien, de Luis Arias Argüelles-Meres admiro su capacidad para, en un artículo de pocas palabras, distanciarse de la actualidad los metros y centímetros justos para analizarla ponderadamente, con una mirada de poso reflexivo, en parte amargo en tanto que lúcido, como ya dije, y tan analítica como certera. 

En "Desde la plaza del Carbayón" la actualidad está arroyada a un margen del camino, pudiendo disfrutar en su lugar de una capacidad de evocacion envidiable: desde el frío que se colaba entre los pliegues del abrigo de una señora desconocida, a la que imaginamos una historia y un destino con nuestra nariz pegada al cristal empañado de la puerta de una pastelería... hasta la silenciosa quietud en la madrugada tras una noche juvenil regresando a casa nimbado aún por los acordes de Aute en el Fontán. Mirar por la ventana, y pensar quizá en aquella muchacha del largo cabello rubio a la que nunca te atreviste a decir nada. 

Madrid, 15 de octubre de 2016.

martes, 22 de marzo de 2016

El pequeño héroe anónimo del Ala 11



De pequeñas acciones está el mundo lleno. Solemos acordarnos de las grandes, sobre todo en los días señalados al efecto por la efeméride de turno. Pero yo quisiera resaltar hoy y ahora, a destiempo y sin motivo aparente, un par de cosas sobre lo que pasó el 23-F-1981.

Hemos escuchado hasta la saciedad la frase "y Milans sacó en Valencia los tanques a la calle". Y luego que los retiró cuando el Rey le llamó por teléfono, más allá de las 2 de la madrugada. Jaime Milans, es de sobra sabido, eran el capitán general de la III región militar (división territorial de defensa extinguida en 2002), la de Levante. Media hora después de que Tejero tomase el Congreso, se transmitió en la capitanía general de Valencia, por radio, la palabra clave: Miguelete.

[Nota aparte: cómo somos los de aquí, ¿verdad? Ni Tormenta del desierto, ni operación León Marino, ni Barbaroja, ni operación Overlord (o sea, Normandía)... Aquí con Miguelete vas que chutas. Tengamos en cuenta que toda la operación marco de este golpe blando o bonapartista era la Operación De Gaulle... copiando nombres, y todo].

Dieron así comienzo las operaciones Alerta Roja y Turia (al menos, la nomenclatura era más épica). No era cosa de broma: 60 vehículos de combate y 2.000 soldados de la División Maestrazgo III, con sede en Bétera y Paterna, se desplegaron por Valencia en dos anillos estratégicos, provistos de 12 tanques M-47 (fabricados en EEUU en los años 60) artillados con un cañón de 90x38 milímetros y tres ametralladoras Browning, escoltados por tanquetas patrulleras y varios vehículos de apoyo logístico con combustible, agua, comida, artillería pesada y material antiaéreo. El despliegue es de manual: rápidamente toman el gobierno militar y el gobierno civil, el Ayuntamiento (el alcalde, que estaba dentro, huye al escuchar radiado el parte rebelde de Milans... justo lo contrario que un tal Julio Anguita, alcalde de Córdoba, que se encerró en su despacho y depositó sobre su mesa de trabajo un revólver 9 corto... no es comparar: es referir), la Diputación, la Jefatura de Policía, los medios de comunicación (transmitiendo el Bando de Milans por radio), Correos y la estación de autobús. El Jefe del Estado Mayor, general Gabeiras, aún tardará 2 horitas en enviar a Valencia la contraorden, mediante la red TAC, telex número 169: "Poner en marcha BERTA 2. Acuartelamiento de unidades". ¿Qué pasó en esas 2 horitas? Ahí entrará el personaje anónimo.

Entre tanto, sin que casi nadie lo sepa (salvo los que estaban en la harina), un avión awacs de reconocimiento estadounidense (oh, qué raro) despegó de Lisboa y sobrevuela todo el espacio aéreo español. En multitud de bases y cuarteles españoles se suprimió la orden de paseo, tradicionalmente a las 17:00h. Ya no digamos las bases norteamericanas de Morón y Rota, en alerta máxima desde dos días antes. No creo en estas casualidades, amiguitos.

En Madrid, parte de la división de élite Acorazada Brunete había tomado ya la carretera de Burgos en dirección a Madrid desde la base de El Goloso. Cuando el general Juste, jefe de esa división, regresa por sorpresa al cuartel (estaba de maniobras en Zaragoza), emite la contraorden: las primeras unidades mecanizadas ya tenían a la vista la plaza de Castilla (aún sin las torres Kio, que son de 1996). Como dije, no era cosa de broma. El Paseo de la Castellana estaba a tiro (nunca mejor de dicho) de piedra. Cuando el general Juste paraliza la operación tras hablar con Zarzuela (concretamente con Sabino Fernández Campo), las unidades se apartan a las cunetas y dan media vuelta. El general Víctor Lago Román, que manda los boinas verdes en Madrid, le dice a Quintana Lacacy, capitán general de Madrid, que 300 hombres están preparados para parar a cualquier carro de combate en plena calle... El ambiente era genial para ir de vermout.

[Nota: tanto Víctor Lago como Guillermo Quintana Lacacy serían posteriormente asesinados por los terroristas de ETA]

En Valencia, una columna blindada rebelde toma el camino de la base militar aérea de Manises. Los conductores de los tanques tienen prohibido comunicarse entre ellos, pudiendo solamente establecer comunicación con el sargento primero de turno a través del interfono. Mientras tanto, varias capitanías generales se van sumando a la rebeldía, y otras permanecen dudodas. El parlamento está secuestrado, y el jefe del Estado, a la sazón Juan Carlos, desaparecido (no en combate). Milans del Bosch, militar de prestigio técnico, será un golpista, pero no es precisamente un mindundi: como buen general, tiene un plan alternativo, un plan B; y éste consiste en marchar sobre Madrid por la Nacional-III (320 kms) con todas las unidades de la división Maestrazgo para, con ello, arrastrar tras de sí a las capitanías y divisiones dudodas (imaginemos que se juntasen la Brunete y la Maestrazgo en maniobra de arco envolvente sobre Madrid... tontos no eran).
Tanque delante de la Capitanía de Valencia
Las unidades se acercan a Manises, tanto que ya se divisan desde la propia base. Entonces aparece nuestro hombre: el coronel del ejército del aire que comandaba la base. Al ver la columna llegar, llama por teléfono al ayudante de Milans, un tal Ibáñez Inglés, y le suelta algo del tipo:

-"¿Qué cojones estáis haciendo?". 

-"Los tanques son para proteger la base, mi coronel". 

-"Y un carajo". 

Tras un breve parlamento entre ambos, la charla no debió ser muy amena, porque el coronel se negó a sumarse al asunto. Es más: Ibáñez le cuenta, suponemos que para amedrentarlo, el plan B. Veamos la respuesta de nuestro hombre:

-"Te advierto que, como anden un kilómetro más, tengo un Mirage-III [cazabombardero de combate] en pista y otros dos preparados que salen y de tus carros de combate no dejan ni los restos."

Todo el escuadrón de Manises se puso en alerta máxima. Varias unidades arrancaron los motores y se pusieron en posición en las pistas de despegue: si la maniobra del plan B (avanzar sobre Madrid) se hubiera puesto en marcha, varios cazabombarderos con misiles aire-tierra hubieran salido como flechas para bombardear todos los puentes de la carretera Nacional III y cerrar el paso a los carros de Milans, destruyendo también las gasolineras de toda la autopista. Milans, por su parte, había ordenado situar artillería de campaña con orden de tirar sobre las pistas y edificios de la base de Manises en cuanto se diera la orden. La escabechina pudo ser pequeña.

Lamentablemente, este pequeño héroe anónimo es eso: anónimo. No he sido capaz de encontrar su nombre por más que he rastreado. Solamente podría aventurar un nombre: el del coronel Enrique Ortíz de la Cruz, pero no puedo asegurar que sea nuestro hombre.

Tendré que seguir buscando. ¡Menudo ladrillo!
Portada del New York Times

lunes, 22 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre Tolkien y cine. Una última vez. Me he vaciado. Ojo, frikismo.

"¡No! -dijo Thorin-. Hay en ti muchas virtudes que tú mismo ignoras, hijo del bondadoso Oeste. Algo de coraje y algo de sabiduría, mezclados con mesura. Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz."

He querido empezar este desguace por lo mejor de la película que vi ayer, por su mejor frase, por su mayor destello de pureza que nos trae al original. Obviamente, la cita es del libro, "El Hobbit" (Tolkien, 1937), si bien en la película Thorin no se la dice exactamente así a Bilbo, pero conserva su sentido. Ahora, ¿por dónde seguir?

Desde que se estrenó "La Comunidad del Anillo" el 19 de diciembre de 2001 ya llovió. Trece años, nada menos. Y tiene sentido retrotraerse allí, pues quienes han perpetrado la nueva "trilogía" hobbítica son los mismos: director, guionistas, muchos actores, equipo técnico y artístico. Incluso la productora ""New Line" vuelve a poner pasta, ahora subsumida por Warner Bross y en asociación con Metro Goldwyn Meyer. ¡Será por dinero! 

Una de las preguntas que vinieron a mi mente antes del estreno de "El Hobbit: Un Viaje Inesperado" fue qué quedaría de la obra antecesora. Imaginaba, pardillo de mí, que al tratarse de TRES películas para un libro de exactamente 283 páginas, habría tiempo más que de SOBRA para reflejar no ya el texto original, sino para al tiempo ampliar los horizontes de la Tierra Media en particular y de Tolkien en general. Estaba convencido que al ganar 11 oscar con "El Retorno del Rey", a Peter Jackson le darían absoluta carta blanca para hacer las cosas a su gusto. ¡Bien!, me dije, ingenuo. 

Vamos al tema: 

¿Dónde está Tolkien aquí? Buena pregunta. ¡Ojo! Conozco el diferente lenguaje que ambos medios, literatura y cine, deben emplear. Lo importante no es pegarse al papel, sino pegarse al ESPÍRITU, al FONDO de la obra. En caso contrario, llama a tu película "Tierra de Fantasía" o algo por el estilo, pero deja a Tolkien al margen. 

Tolkien, Tolkien... qué pesado soy, ¿verdad? Mucha gente puede pensar que exagero. No es mi intención. Sin embargo, tampoco quiero perder de vista el parámetro de análisis. ¿Da Tolkien para tanto? ¡Pues claro! ¿Acaso se trata, únicamente, de un libro bien de aventuras bien escrito con partes coñazo (fundamentalmente canciones) que usa para su propio beneficio partes de diversas mitologías? 

NO.

[¡Atención! Hablaré de cosas de la película recién estrenada a partir de este punto]

Pongamos por caso el filme de ayer: "La Batalla de los Cinco Ejércitos". Ya veníamos de otra obra magna, "La Desolación de Smaug". Salvo dos o tres destellos (juntando ambas), unidos a otros dos o tres puntos luminososo de la primera, "Un Viaje Inesperado", no reconozco la esencia... no ya de la obra escrita, ¡sino de la anterior tacada de películas! (La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres, El Retorno del Rey). Igual es que ya estoy mayor, pero me impresionan menos que CERO las cabriolas y demás fuegos de artificio, un 99% de lo cual está generado por ordenador. Esto último no sería problema en sí mismo. Lo que ocurre es que los efectos especiales, para que se integren con naturalidad en la obra y puedan provocarte ALGUNA emoción, deben estar al SERVICIO de la película, y no lucir porque sí,  sin venir a cuento, etc.

Todo esto es una lástima. Tolkien no es solo aventurillas y correteos+espadazos+frase noble+piruetas varias. ¡No! Es lingüística al más alto nivel (ver el libro "Tolkien y la Gran Guerra" de reciente publicación, autor John Garth. Cuando digo "algo nivel", es alto nivel); es filosofía (ver esta conferencia del profesor Eduardo Segura titulada "Concepto de poder, noción de ley y traditio en la mitología de Tolkien": https://www.youtube.com/watch?v=QZyqa2Y42yA); es disfrutar de un amanecer; es la historia de la Larga Derrota, la Esperanza sin garantías; es seguir luchando cuando sabes que vas a perder al 99,9% de posibilidades. Es caminar por tierras de peligros en las que también existen refugios, y gente en quien confiar. Qué facil sería enumerar conceptos tan manidos como nobleza, honor, epicidad, heroísmo, valor... Que sí, que vale, pero eso también está en Conan el Bárbaro (libros de Robert E. Howard y posteriores películas) o Willow; en los libros de Tad Williams (tetralogía de "Añoranzas y Pesares", recomendable leerla al menos una vez en la vida); "El Último Dragón" de Michael Reaves y Byron Preis e, incluso forzando la máquina, en "Crónicas de la Dragonlance" de Margaret Weis y Tracy Hickman.  

El tema estriba en que la obra de Tolkien no es solamente fantasía, magos, elfos, luces de colores y malos que van de negro.¡Claro que tal obra no es perfecta! ¿Qué obra lo es? ¡Claro que depende de los gustos etc de cada cual! ¿Cuál no? ¡Por supuesto que en algunos aspectos se nota el paso del tiempo! ¡Se empezó a gestar en los albores de 1914 e incluso antes! Pero, ay amigo, lo que tienen los clásicos es que su aplicabilidad sí que no desfallece. ¿Ya no vale la Odisea? ¿La Ilíada? ¿Los Diálogos y la República de Platon? ¿Deja de ser magnífico el inicio de "La Regenta" de Alas Clarín por el mero hecho de haberse publicado en 1884?:

"La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubles blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el norte." 

 ¿Deja de ser espléndido el final de "El Jardín de los Frailes" de Manuel Azaña por haberse publicado en  1921?:

"Solo estoy en la punta del jardín, ya frío. Vagan tres frailes en el huerto prioral. Las delgadas siluetas, sin gravidez, accionan levemente; algo se dicen, miran al suelo. Se calan la cogulla: a ellos y a mí el cierzo nos hiere. Una cima se encumbra lejos, encapuchada de nieve y rosa. 
En túmulos de escalata
corta lutos el silencio.
Es el ocaso."

¿"La Metamorfosis" de Franz Kafka? (1915):

"¡Mensajero del día! El gran sufrimiento que he vivido me ha hecho persona. Nunca reflexioné sobre el destino, pero ahora aprendo a cavilar. El destino quiere que me presente ante aquellas personas que llamé padre, madre, hermana, jefe y colegas, y a quienes no importaba, ya que mi cuerpo se pudría, que me odiaban y temían, que me escondían por vergüenza y cuyo odio llegó al punto de que hirieron mi cuerpo."

"Rebelión en la granja" de Gerorge Orwell? (1945):

"Doce voces indignadas gritaban, y todas eran iguales. Lo que había ocurrido en los rostros de los cerdos era ahora evidente. Los animales que estaban fuera miraban a un cerdo y después a un hombre, a un hombre y después a un cerdo y de nuevo a un cerdo y después a un hombre, y ya no podían saber cuál era cuál."

Qué cosas, ¿verdad? Se podrá decir que exagero, que pido demasiado a una súper producción. ¡Precisamente! Por eso mismo, por tener tantos recursos a su alcance, debería buscar la excelencia y no el blockbuster facilón. El dragón Smaug no es una criatura fantásticamente maligna a la que hay que dar caza y muerte. Smaug es el último dragón de la Tierra Media, y representa a toda una estirpe (Ancalagon el Negro, Glaurung...), viviendo en él la codicia; una codicia insana y natural, de ahí su grandeza. No se trata de un "mal del dragón" que te vuelve codicioso de repente. ¿Es el oro el que vuelve codicioso al dragón, o eres tú mismo quien genera la codicia al verte reflejado en el dragón? Podemos filosofar, pero... ¿Thorin se vuelve codicioso por el aire que se respira bajo la Montaña? ¿Falta de ventilación? ¿Aire acondicionado? El debate está servido. 

GANDALF. Por favor. ¡Gandalf no es un puñetero viejo que farfulle y se vaya al suelo! ¡Gandalf NO PUEDE ser derrotado así como así! Su explicación es, de nuevo, de vertiente filosófica. No se trata de un mago con superpoderes. ¡No! Es un representante de la Sabiduría en grado sumo, esto es, en la mitología y concepción de Tolkien, una rama del gran árbol de Dios. ¡Como los Elfos, coño! ¿Dónde estás, Platon? Los Elfos NO SON PERFECTOS, ni pueden serlo. Son Hijos de Ilúvatar (Dios), vástagos de su pensamiento, una copia IMPERFECTA del pensamiento de Dios. No usan magia, sino que se imbrican en el mundo de una manera natural. En este sentido, casi NADIE ha entendido al personaje de GALADRIEL, e incluso el de ARWEN UNDÓMIEL. En la película de ayer, vimos a Galadriel hacer frente a un orco... ¡con Gandalf tirado por el suelo! ¡Que no! Elrond, Saruman... el Concilio Blanco que desaloja al Nigromante (Sauron) de la fortaleza de Dol Guldur. Este combate no debería, bajo mi punto de vista, ser tanto físico como sí psíquico. Pero, por favor, hay que entender esto: Gandalf, Saruman y Sauron están en el mismo escalón jerárquico... ¡solo que Sauron no tiene poder aún! Es lo que tiene ligar tu propia esencia a un objeto material. Nueva lección, que no se explica. Ahora bien, Galadriel sí es una Primera Nacida. Pero esto tampoco se explica: simplemente lleva a Gandalf (¡a Gandalf!) en brazos con facilidad, hace magia, se enfrenta al Nigromante, etc etc... Si fuese un combate psíquico, ahí Galadriel sería muy difícil de vencer, pues ella misma emana LUZ. Pero no la luz del interruptor, sino la luz tal y como el autor la imaginaba: la Primera Luz, la luz más prístina y pura. Si yo soy agnóstico y he podido entender esto, es que se puede. 

"-Gandalf, por favor, no debe "farfullar". Aunque parezca quisquilloso a veces, tiene sentido del humor y adopta una actitud algo paternal en relación con los hobbits; es una persona de elevada y noble autoridad, y de gran dignidad."
Es la Carta 210 de Tolkien. No quiero decir que deba tratarse como "El Evangelio". Pero coño, si el personaje es suyo, ¡algo sabrá él! Si no, como dije antes, llámalo "Freindaelf" y haz que farfulle, caiga, pierda (de repente) su poder frente a enemigos claramente inferiores, etc... Pero el Gandalf real no es un hombre de avanzada edad con poderes. Es otra cosa. 

¿Cómo es posible que un dragón derrote, sin paliativos, a todo un Reino, tal y como se expone en el prólogo de "Un Viaje Inesperado", y luego en "La Desolación de Smaug" no pueda vencer a TRECE enanos que lo llevan y marean de acá para allá, engañándolo de la manera más boba (¡eh tú! dice uno para llamar su atención mientras otro por detrás se la arma gorda, por ejemplo), saltando, rodando,  VOLANDO (algún enano, digo), piruetas, cabriolas... ¡Aburre! Ya lo hemos visto antes. Cientos de veces. Es cansino. ¿Dónde están los golpes que duelen, la sangre, el sufrimiento... que veíamos en "El Señor de los Anillos"? ¿Dónde está lo que cuesta ganar? ¿Dónde está la belleza dentro de la crueldad? ¡No está! ¿Se te ha ido la cabeza, Peter?

Cuando te inventas un personaje, tal personaje debe tener un propósito que los preexistentes en la obra original no te pueden dar, según tu criterior. ¿Qué tenemos aquí? Una elfa, Tauriel (bellísima, sí, ¿y qué?); y Alfrid, un taimado ayudante del Gobernador del Lago. ¿Objetivos? No ya menores, sino terciarios o cuaternarios. 

-Tauriel: chica maciza, romance (absurdo y forzado) con un enano (ay señor). Por lo demás, no me molestaría. De hecho, en "La Desolación de Smaug" protagoniza uno de esos destellos que mencionaba al principio cuando habla de la luz de las estrellas. Luego, ¿objetivo? La historieta de amor de turno. Por favor, que ya somos mayorcitos. Tómense esto en serio. 
-Alfrid: una pobre pobre pobrísima caricatura de aquel personaje shakesperiano de "Las Dos Torres" llamado Grima, Lengua de Serpiente. ¿Objetivo? Decir que la codicia es mala. Para eso valdría haber puesto una frase en mitad de la pantalla: LA CODICIA ES MALA, NIÑOS. Nos habría ahorrado la falta de respeto con el material original al poner a este tipo haciendo y diciendo cosas de bufón de cuarta clase. ¿Qué necesidad había? ¿Por qué? 

¡Claro que el humor es importante! Y peligroso, al tiempo, puesto que cada persona tiene el suyo. Pero, de nuevo, es cuestión de parámetro: Gimli el enano pisando cráneos (crak crak) en "El Retorno del Rey", Alfrid disfrazado de mujer con sacos de monedas como tetas. Dos caras de una misma (ejem) moneda. Dile eso, dile hacer el imbécil. El típico humor de "me tiro un pedo: ppprrrddzzddffff" y te ríes. ¡Qué diferencia con la primera escena de la primera película de "El Hobbit", genialmente interpretada por Ian Mckellen y Martin Freeman! Calcada al libro: 

"-¡Buenos días! -dijo Bilbo. 
-¿Qué quieres decir? -preguntó Gandalf-. ¿Me deseas un buen día, o quieres decir que es un buen día, lo quiera yo o no; o que hoy te sientes bien; o que es un día en que conviene ser bueno?
-Todo eso a la vez."
Qué diferencia con el caca-culo-pedo-pis

Una cosa es que determinados personajes, por su condición, aparezcan y existan más cerca de lo natural, y otra que las leyes de la Naturaleza entren en suspenso, de vez en cuando, según a ellos les convenga. ¿Legolas? ¿Hola? Peleas absurdas estiradas hasta la extenuación, por tanto, carentes de emoción y, seguidamente, ausencia de empatía por parte del espectador medianamente serio y que buscaba aquí (¡incauto!) algo más que el mero chispúm. Ay, la emoción. "La Batalla de los Cinco Ejércitos" se llama la última película (por ahora) basada (...) en la obra del profesor de literatura inglesa, inglés antiguo, anglosajón y etc etc John R. R. Tolkien. Un tipo, por otra parte, hijo de su tiempo y círculo social, heredero de su temprana horfandad de padre y madre siendo educado por un cura, bastante meapilas en lo privado y muy muy católico (rechazaba el Concilio Vaticano II). ¿Tiene emoción, la batalla? ¿Cómo, con tamaños recursos, se puede hacer algo tan alejado de la emoción? Un ejército de Elfos de relucientes armaduras moviéndose al marcial unísono NO me impresiona. Parecen robots. Los Enanos ídem: forman un muro de escudos, ¡todos iguales y en los mismos intervalos de milisegundos! ante la carga de los Orcos como si se tratase de un videojuego. ¡No hay emoción porque lo que les ocurra llega a darte igual! 

¿Épica? Hombre, los enanos vistiéndose para la batalla con el "Sons of Durin" de Howard Shore de fondo no está mal; o cuando cargan en cuña (como los jinetes de Rohan... ¿No se conocen más formaciones de combate?) contra los orcos, modificando sus movimientos al ver salir al combate a Thorin. Muy bien, pero ¿qué pasa con el grito por excelencia de los enanos?: "Ai Khazad! Khazad ai menû!!" En lugar de eso, farfullan no sé qué... 

No hay más que recordar las batallas del Abismo de Helm, Amon Hen, el Pelennor, el asedio de Minas Tirith, Osgiliath, la Puerta Negra... ¡Todo eso hecho por el mismo paisano que ahora me muestra toda esta nueva farfolla! Ay, señor. ¿No recuerdan ustedes la Carga de Rohan? ¡Comparen! Es que ni en la música le han dejado hacer a su gusto a Howard Shore. ¡Los mejores temas, recogidos en los discos, no fueron usados! ¿Dónde está la carga de Dáin Pie de Hierro con su tema "Ironfoot" de fondo, gaita incluida? Ídem en temas descartados para Erebor, Durin... En fin. 

¿Por qué hago hincapié en las Cargas? Porque las cargas aquí, en Tolkien, son un TODO O NADA, a lo Julio César en el Rubicón (que rueden los dados). Cuando un personaje de Tolkien elige algo, tarde mucho o poco en decidirlo, es con TODAS las consecuencias. Por eso cuando el rey de Rohan, Théoden, decide acudir en auxilio de Gondor con sus 6.000 jinetes, sabemos que es para bien o para mal. Y llega. Y carga con todo. Y mientras cargan, cantan mientras matan. Es la belleza radical dentro de la crueldad. Y el rey muere en la batalla. ¿Ya te olvidaste de esto, Peter? ¡Coño, si lo rodaste tú, chico! 

¿Cuántos Orcos hay en esta última película? ¿800.000? ¿2.000.000? ¿Cuál es el límite de la computadora que los genera? ¿Qué plan de batalla hay? ¿Elfos, enanos, hombres? ¿Cómo se distribuyen? Ya que vas a hacer una película con una parte muy importante de la misma, bélica, coño, ¡hazla como Dios manda! Mira Ridley Scott. O mírate a ti mismo en Las Dos Torres o El Retorno del Rey. ¿Dónde caray están los lobos que, previamente durante dos pelis, te has encargado de ir mostrándonos? ¿No hay sangre? ¿Dolor? ¿Bardo, un humilde mortal, puede tirarse calle abajo en un carromato destartalado sin que pase nada? ¿Legolas ha pasado a ser DIOS? En la anterior saga ya apuntaba maneras, pero aquí alcanza el Panteón de la Idiotez, sin duda. 

¡Ah! Paisajes, vestuario, maquillaje... eso sí, todo muy bonito. Eso se ha mantenido, pero con un matiz no menor: parece todo un pastel. En las anteriores (2001-2003) lo que veíamos tenía unos tonos muy reales, con la luz integrada en los efectos, o al revés. Estas películas (2012-2014) tienen una estética postmoderna que intenta aparentar ancianidad que no me convence para nada.

 Ya no hay momentos como cuando, antes de la batalla del Abismo de Helm, un pensativo Aragorn le pide a un niño que le deje su espada. La sujeta, calibrándola, y le da vueltas en el aire, cada vuelta más fuerte que la anterior. El chiquillo le dice "dicen que no pasaremos de esta noche, dicen que no hay esperanza". Aragorn coge con firmeza el puño de la espada, aprieta los dientes, se la devuelve y le responde al oído "siempre hay esperanza". Un ejemplo de una escena inventada pero que está AL SERVICIO de la historial, que tiene un objetivo loable y de sentido común, aparte de hermosa. Bien, pues de esto hemos pasado a una patada directa en las gónadas. No hay espíritu. No hay alma. Solo hay mucho músculo, incluso en la música de un Howard Shore quizá obligado quizá arrastrado por el propio sendero de la pelicula, donde impera un exceso de metales retumbones y percusión grave.  

Nunca me molestaron los cambios, ¡nunca!, cuando éstos servían a la historia. Cuando es Arwen quien rescata a Frodo en los Vados del Bruinen en lugar del Alto Elfo Glorfindel no me importó.  Cuando Frodo la ve acercarse, la contempla en un halo de luz que se presta mucho a la broma y al cachondeo, jaja, ¡qué graciosos somos! Sin embargo, la estamos viendo en su forma más pura, más bella en cuanto que cercana a su origen como hija de Ilúvatar. "Que la Gracia que me ha sido otorgada pase a él, y por ella sea curado", dice ella. La Gracia. Concepto paleocristiano, Santo Tomás de Aquino, San Agustín, etc. ¿Qué queda de eso? La Nada. 

¿Qué tono usamos? Quiero decir: libro infantil-juvenil. ¿Película... juvenil, o El Señor de los Anillos parte 4? Mezcla extraña la resultante. No sabe por dónde respira. O una cosa o la otra. Hay cosas de las dos vertientes que están bien, pero vistas como un todo no sabe uno dónde quedarse, dónde está ni qué hacer. Y, lo que es peor, qué sentir.

En fin, ¡qué decepción! Algunos (bastantes) momentos en Bolsón Cerrado en "Un Viaje Inesperado" son francamente leales al título de la obra que dicen adaptar, junto al vuelo rescatador de las águilas del final de la película. En "La Desolación de Smaug" prácticamente nada. Y aquí, en "La Batalla de los Cinco Ejércitos", algún momento entre Bilbo y Gandalf y el regreso a Bolsón Cerrado. No digo, con todo esto, que no hay partes entretenidas. También las hay en "Hércules", o "Transformers". Pero ese algo más que tenían las anteriores películas se ha perdido. Peter Jackson nos ha llevado como Fëanor, al exilio, hemos cruzado el Helcaraxë y a este destino la luz de Ilúvatar no alcanza. Hace frío. 

¿Qué propósito tiene este artículo?
El de no ser un artículo, sino un simple vaciado. El de intentar hacer entender al que haya querido leérselo entero, que Tolkien no es lo que aparece en "El Hobbit"-película, y dar unas pinceladas de por qué digo esto. Se me ha ido mucho la cabeza, lo sé.

Por lo menos no me ha pasado como a Peter Jackson, quien ahora, en este momento, dormita echado con la panza de lado sobre el oro del dragón.