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lunes, 7 de octubre de 2019

Y salí unamuniano

'MIENTRAS DURE LA GUERRA' me convenció. También me persuadió. Salí del cine bastante 'unamuniano', compartiendo algunas reflexiones de don Miguel y detestando otras, como él mismo hizo toda la vida. Porque, ¿qué es ser 'unamuniano'? Echar una ojeada a varios hechos de su biografía ayuda a responder: tal y como le dice Salvador Vila en la película, "usted ha sido de todo, don Miguel", a lo que él responde "yo no he cambiado; habéis cambiado los demás". Unamuno puro.
El escritor, de la generación del 98, vivió con apenas 10 años el asedio de Bilbao por parte del ejército carlista en la Tercera Guerra ídem. Fue un intelectual agudo, cultísimo y tocacojones, mosca cojonera del poder circunstancial, y eso me gusta. Recordemos que Unamuno afirmó que el rey Alfonso XIII estaba rodeado de "trogloditas y gentuza", y que "se finge prisionero del directorio militar y se ríe de la patria, traidor a la Constitución y autor verdadero del golpe". No olvidemos que fue desterrado a Fuerteventura por la dictadura de Primo de Rivera. Y que, antes de eso, ganó un premio literario nacional que entregaba el propio rey Alfonso XIII. Sobre esto último, y tras las críticas al rey de don Miguel, había mucha expectación ante el asunto. Unamuno fue a recoger el premio de manos del propio rey, y se produjo (más o menos) esta conversación: "-Enhorabuena. -Gracias señor, me lo merezco. -Nadie me había nunca dicho algo parecido. -Porque nadie lo había merecido tanto como yo." Eso es ser unamuniano, creo. De Fuerteventura se fue a Francia, y de allí, en los estertores de la monarquía, regresó triunfalmente como un héroe a España, cruzando a Irún y siendo recibido entre vivas y banderas socialistas, hablando en favor de la libertad y contra cualquier tipo de dictadura (profético y curioso). Ese era don Miguel. Vaivenes. Bandazos. Genialidades. También miserias.
Llegó como uno de los padres de la República, hasta el punto que fue elegido diputado y como tal fue recibido en el Parlamento con sus señorías puestos en pie y entre aplausos. Recordemos que en aquel parlamento estaban Gregorio Marañón, Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala, entre otros. Hasta tal punto llegaba su aura, que intelectuales y escritores como Pedro Guillen, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Bergamín... pidieron que él fuese presidente de la República, aunque él se descartó. No olvidemos que el cuñado de Azaña, Cipriano Rivas, dijo aquello de "unamuniemonos todos". Vaivenes, disonancias. El mismo Unamuno que se disculpaba con Azaña por carta, en 1918, por no poder impartir una conferencia en el Ateneo (cuando Azaña era su secretario) al tener que asistir en Valencia a la boda de uno de sus hijos... es el mismo (o no, quizá fuese otro distinto) que el 19 de julio de 1936, en Salamanca, escribió "¡Viva España, soldados! Ahora a por el faraón de El Pardo". El "faraón de El Pardo" era Azaña, y Unamuno, odiándole, pedía que los sublevados secuestrasen al presidente constitucional de la República. Muy unamuniano. Ahí arranca la (genial) película de Amenabar. Todo está cuidado y medido. No hay equidistancia alguna, como ciertas críticas señalaban. Lo que hay son personajes de verdad, no malos (curiosamente) de película. Y se cuenta algo inédito hasta ahora en el cine español, salvo quizás 'Dragon Rapide' (1986) y la insípida tv-movie 'La conspiración' (2012): el proceso por el que Franco acabó convertido en mando único del banco sublevado.
La factura técnica es impecable: vestuario (Sonia Grande), maquillaje (increíbles Unamuno y Millán-Astray, y también Franco), fotografía (Álex Catalán, de 'La isla mínima')... La música, del propio Amenabar, yo no la haría así pero al menos cumple. El guión es muy cuidado, plagado de detalles y referencias que los adentrados en la materia podrán disfrutar. El asesoramiento histórico es muy elegante, y preciso (Julián Casanova, catedrático de Contemporánea de la universidad de Zaragoza, un máquina). El reparto brilla, pero sobre todos ellos, dos nombres: Eduard Fernández como Millán-Astray y, un peldañito por encima, Karra Elejalde como Unamuno. La factura técnica es de primer orden (ojo a las tropas de Marruecos cruzando el estrecho de Gibraltar en los Junker nazis, impagable escena). Salamanca es, en sí misma, un plató cinematográfico. Escenas impagables como las del himno y la bandera: primero confuso, luego agradable en la cuerda, y luego terrible como la marcha que es. Conseguir ese efecto es arte puro, como la escena (mítica y mística) del Paraninfo, mar donde conducen los ríos de la película. El guión no esconde las contradicciones, sino que bucea en ellas, las expone sin ambages. No podía ser de otra, tratándose de Miguel de Unamuno y Jugo, el que no hacía novelas sino nivolas. Su tragedia, la de darse cuenta del error demasiado tarde y aun así quedarse en tierra de nadie porque al otro lado también hay frío; quedarse aislado en una tercera España vacía y desamparada. Un don Miguel que toda la vida criticó a los "hunos" y los otros, teorizando sobre lo que habría de llegar en cada momento por bien de esa España que le dolía. Cuando llegó lo esperado, se asomó al abismo. Captar eso en un guión es difícil, y exponerlo con maestría, más. Enhorabuena. El bastón unamuniano se balancea a la espalda, sostenido por las manos de Karra Elejalde. Saltan astillas de la puerta. Repica el hierro de la verja. Se pone el sol sobre el puente a las afueras de Salamanca. Costumbre. Disparos en la lejanía. La duda, la tragedia silente. Es el ocaso.
P.D. Una película así para Azaña, por favor.

lunes, 17 de junio de 2019

'Tolkien', reflexiones

Ya hemos visto 'Tolkien', y después de reposar la mente, voy a hacer algún comentario. Lógicamente, con REVELACIONES.
Es obvio que yo no conocí al personaje, y es igualmente evidente que el director y los guionistas tampoco. Quizá pensaron que acercarse a Tolkien era sencillo, o que su personalidad, compleja, en muchos aspectos "medieval", podía resumirse en cuatro o cinco trazos.
Como consecuencia, nos llega esta peli que, en sí, es bonita, se conozca a Tolkien o no. Lo es, sin duda. Tiene planos muy bellos (aunque cortos), y escenas que son un guiño para los aficionados al asunto ("Salve Earendel, el más brillante de los ángeles" recita, mientras mira una estrella luminosa).
Hay varias fuentes para acercarse a la vida del autor inglés (que no británico, según afirmó), como por ejemplo la fundamental biografía de Humphrey Carpenter, escrita en 1977 (4 años después de su muerte) y totalmente avalada por la familia. Carpenter entrevistó muchas veces a sus hijos, a su hermano Hilary, a ex alumnos, ex compañeros de facultad, tuvo acceso a todos los documentos, cartas, legajos, diarios de juventud... Con ello pudo trazar un reflejo de la personalidad de Tolkien que, si bien seguro que no es completa, sí se acerca bastante a la realidad. Otros libros, más modernos, pueden ser 'Tolkien, señor de la Tierra Media', de Joseph Pierce, un texto que analiza al bueno de JRRT desde una perspectiva obviada en la peli: su catolicismo radical (en ambos sentidos de "radical"); 'El mago de las palabras' y 'El viaje del Anillo', del gran Eduardo Segura; o el fundamental 'Tolkien y la Gran Guerra', de John Garth. Hay muchas más obras, por supuesto, pero yo he leído éstas y creo que son más que suficientes para trazar una semblanza de Tolkien.
¿Qué leyeron los guionistas de la película? No lo sé (tampoco he tenido ganas de investigarlo), pero quizá alguna de aquéllas recomendaciones les vendría bien. Ojo, no para CALCAR la biografía de la persona, sino para saber, digamos, por dónde tirar. Porque... ¿de qué trata esta película? Más allá de concatenar escenas de la vida de Tolkien, alguna resumidas, otras inventadas, otras supuestamente interpretadas e imaginadas. ¿Cuál es el hilo conductor? Me atrevería a decir que, si hay uno, no es otro que el TCBS y la amistad entre sus cuatro miembros principales. Nos lo indica, además, la música (bella, pero dispersa) de Thomas Newman: el último tema, el de los créditos, es el mismo que el de 'TCBS', por lo que el tema principal no es otro que éste. Por tanto, lo fundamental para los creadores ha sido la amistad. Ahora bien, ¿representa un hilo conductor en la película? A duras penas.
Cuando recreas una época pasada, estás contaminado por tus ojos del presente. Pongo un ejemplo. En la película se medio insinúa que G. B. Smith era homosexual. Esto no tendría nada de malo si no fuera que es un conejo de la chistera de uno de los guionistas. Lo dice el propio director, Karukoski: "Stephen Beresford, uno de nuestros guionistas, es gay, y él leyó todas las letras y todos los poemas, y dio por por hecho al 100% que Geoffrey era gay. No podemos reclamar eso.". No hay nada malo, perverso, negativo, ultrajante, loquesequiera, absolutamente nada, en ser homosexual, o en presentar un personaje con tal inclinación sexual (o cualquier otra). Sin embargo, además de no existir evidencia alguna de esto, la homosexualidad era un tema totalmente rechazado por los estudiantes del King Edwards, de Oxford, y de la Inglaterra estudiantil en general en aquella época; en parte, como dice Carpenter en su 'Biografía', se trataba de hacer olvidar la reciente época de Byron y la cierta permisividad que se tuvo hacia "aquellos comportamientos". 
En la TCBS no hablaban (según Tolkien) de sexo ni de mujeres. Puede extrañarnos que así sea, pero la fuente es de primera mano. Si en la película añades esta capa, estás no sólo inventando sino forzando una determinada percepción. Otro ejemplo es el hecho de llevar a Edith a una de sus reuniones; sí, te da un cariz cómico, y aporta, luego, un rasgo de la personalidad de ella y de choque con la de él que es cierto, bien jugado por esa parte: pero Tolkien no reveló a sus amigos que tenía novia hasta mucho después. Por supuesto no es lo que yo haría, ni es, seguramente, lo que muy pocos harían hoy, pero si lo modificas estás solapando la verdadera cara del Tolkien juvenil (sea ésta buena o mala, cada cual juzgue según la época) por una nueva, inventada, que no le hace justicia.
Cuando Edith y él fueron obligados a separarse por el padre Francis Morgan, el tutor de los huérfanos hermanos Tolkien, lejos de alejarse de la religión, JRRT se refugió muchas veces en la iglesias católica. Y lo de católica es clave, pues eran una minoría en la Inglaterra anglicana. Tolkien siempre pensó que su madre fue una mártir, apartada de su familia por convertirse al catolicismo, y que muchas de las estrecheces económicas que sufrieron fueron debidas a este motivo. Tolkien iba a misa, comulgaba, se sentía en comunión con Dios y consigo mismo, y eso representaba un refugio espiritual ante la pérdida del amor, que primero fue de juventud y más tarde para toda la vida. Es una parte, una arista, una cara del poliedro tan tan tan importante, que omitirla por completo es injusto y empobrece la película y el supuesto retrato que se quiere hacer del personaje.
En cuanto a cambios de fecha en la cronología, resúmenes apresurados (Tolkien no se alistó a la de ya, intentó retrasarlo lo más posible, y tampoco fue enviado a combatir al poco de alistarse), invenciones varias... pueden entenderse, aunque cada cual los habría hecho de una forma diferente.
¿Qué le falta? ¿De qué adolece? Le falta magia; magia en el sentido de arriesgar mucho más, o arriesgar algo, al menos. Y una base sólida desde la que construir, una base referencial clara: Tolkien no escribió sus "leyendas e historias" porque hubiera una correlación directa con sus experiencias en la Gran Guerra de 1914-1918. Influyó la guerra, ¡claro! ¿Cómo no va a influir? Lo que quiero decir es que la cantera fundamental del Tolkien escritor no fue la guerra. No escribió las Ciénagas de los muertos porque en las trincheras se topase con un gran charco rodeado de cadáveres; no escribió a los Nâzgûl ni a Morgoth porque en el campo de batalla, febril, imaginase a sombras llevándose la vida de los hombres. Es, por contra, en los mitos y leyendas antiguos, en las sagas, en las eddas, en la 'traditio' donde el escritor zambullía su mente para escribir. No hay rastro en la peli, por ejemplo, de su primera ciudad imaginada: Kortirion, "Kortirion entre los árboles", ya escrita bastante antes de la guerra. O en los antecedentes de Gondolin y su Caída. Esas primigenias ideas ya estaban antes del Tolkien combatiente (que, por cierto, era oficial de señales y no lo vemos hacer otra cosa que arrastrarse, enfermo, por las trincheras).
Magia. Más magia, por favor. Es bonito ver a su madre recitar a 'Sigurd' mientras el niño Ronald sonríe, pero muéstramelo mejor, por favor: haz que la imaginación del crío se transporte a esa escena de Sigfrido con el dragón, empezando a conformar el "hummus de la mente" para, esto sí, ayudar a conformar las "telas del fondo" de su posterior mitología. Sé valiente, Karukoski: no nos muestres de pasada un Cristo crucificado en las trincheras, restos de una iglesia derruida por el combate; por contra, puedes hacer que ese Tolkien febril vea a su Cristo en verdad retorcerse en la Cruz, horrorizado por la guerra. En dos trazos ya tendrías una capa, fina, de su catolicismo, y a la vez una imagen poética y terrible.
Las reflexiones sobre las palabras son bonitas. La escena del salón de té y el "cellar-door" es hermosa, y cómo Tolkien va pensando sobre la marcha qué puede ser "selador": no, no es un humano, no, no es un objeto... es.. es... es un lugar. Eso bien, en mi opinión, al César lo que es del César, pero podrías ir más allá: ya que tienes efectos especiales, úsalos para formar palabras en su mente, palabras del gótico antiguo : Tolkien era un historiador y un arqueólogo de las palabras. Sólo se conservan unas 800 palabras en gótico, pero Tolkien era capaz, como filólogo, de desentrañar el origen de muchas y de proponer cómo podrían haber evolucionado formando otras muchas que se han perdido con el tiempo. Su mente funcionaba así; muéstrenoslo, director, y háganos llorar.
Si Edith baila y ese es el origen de Lúthien Tinúviel, y tú lo sabes, haz la escena mejor, más importante, que sea una escena seminal, radical, no sólo la actriz bailando a cámara lenta mientras él, tumbado, la observa y se ríe. Si lees a Tolkien sabrás que fue mucho más que eso, y que ese día lo guardó en su corazón hasta el final. O más allá.
Y más: Tolkien no puede resumirle a sus hijos la trama básica de 'El señor de los anillos' antes de escribir, siquiera, la primera línea de 'El hobbit'. Sencillamente, no puede ser. Además, la escena posterior ("En un agujero en el suelo...") es absolutamente mítica, y totalmente desaprovechada: no sale corrigiendo exámenes extra de cursos inferiores para ganar más libras (cuatro hijos, seis bocas, un sueldo); uno de los exámenes estaba en blanco, le dio la vuelta, y sin saber porqué escribió la famosa frase. Esto no sale así, y es una lástima, porque es una de las esencias del personaje: no supo porqué escribió la palabra "hobbit", así que tuvo que "descubrirlo", no inventarlo. Su mente funcionaba así, dicho por él mismo.
En fin, termino. La peli es bonita, poco o nada arriesgada, no vuela alto. El hilo conductor es la amistad, y secundariamente Edith y las palabras e idiomas, y sobre todo ello, la guerra como factor de influencia clave. Todos estos pilares están mermados, a mi entender, por poca profundidad, en fondo y forma. Tolkien era más complejo: no era un buenazo, cometió acciones reprochables que marcarían su matrimonio y de las que él mismo se arrepintió muchos años después (obligar a Edith a convertirse al catolicismo, no hacerle caso suficiente, ignorar sus preferencias para dónde vivir, cosa que intentó compensar al final de sus vidas al retirarse a la costa y vivir en un balneario). En resumidas cuentas, como todos, luces y sombras.
Tener y perder. La muerte y la inmortalidad. El sacrificio y la piedad. Son apenas seis conceptos, pero podrían haber sido la base, la tela del fondo, la niebla, el mar, los árboles y al fondo, Kortirion.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre Tolkien y cine. Una última vez. Me he vaciado. Ojo, frikismo.

"¡No! -dijo Thorin-. Hay en ti muchas virtudes que tú mismo ignoras, hijo del bondadoso Oeste. Algo de coraje y algo de sabiduría, mezclados con mesura. Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz."

He querido empezar este desguace por lo mejor de la película que vi ayer, por su mejor frase, por su mayor destello de pureza que nos trae al original. Obviamente, la cita es del libro, "El Hobbit" (Tolkien, 1937), si bien en la película Thorin no se la dice exactamente así a Bilbo, pero conserva su sentido. Ahora, ¿por dónde seguir?

Desde que se estrenó "La Comunidad del Anillo" el 19 de diciembre de 2001 ya llovió. Trece años, nada menos. Y tiene sentido retrotraerse allí, pues quienes han perpetrado la nueva "trilogía" hobbítica son los mismos: director, guionistas, muchos actores, equipo técnico y artístico. Incluso la productora ""New Line" vuelve a poner pasta, ahora subsumida por Warner Bross y en asociación con Metro Goldwyn Meyer. ¡Será por dinero! 

Una de las preguntas que vinieron a mi mente antes del estreno de "El Hobbit: Un Viaje Inesperado" fue qué quedaría de la obra antecesora. Imaginaba, pardillo de mí, que al tratarse de TRES películas para un libro de exactamente 283 páginas, habría tiempo más que de SOBRA para reflejar no ya el texto original, sino para al tiempo ampliar los horizontes de la Tierra Media en particular y de Tolkien en general. Estaba convencido que al ganar 11 oscar con "El Retorno del Rey", a Peter Jackson le darían absoluta carta blanca para hacer las cosas a su gusto. ¡Bien!, me dije, ingenuo. 

Vamos al tema: 

¿Dónde está Tolkien aquí? Buena pregunta. ¡Ojo! Conozco el diferente lenguaje que ambos medios, literatura y cine, deben emplear. Lo importante no es pegarse al papel, sino pegarse al ESPÍRITU, al FONDO de la obra. En caso contrario, llama a tu película "Tierra de Fantasía" o algo por el estilo, pero deja a Tolkien al margen. 

Tolkien, Tolkien... qué pesado soy, ¿verdad? Mucha gente puede pensar que exagero. No es mi intención. Sin embargo, tampoco quiero perder de vista el parámetro de análisis. ¿Da Tolkien para tanto? ¡Pues claro! ¿Acaso se trata, únicamente, de un libro bien de aventuras bien escrito con partes coñazo (fundamentalmente canciones) que usa para su propio beneficio partes de diversas mitologías? 

NO.

[¡Atención! Hablaré de cosas de la película recién estrenada a partir de este punto]

Pongamos por caso el filme de ayer: "La Batalla de los Cinco Ejércitos". Ya veníamos de otra obra magna, "La Desolación de Smaug". Salvo dos o tres destellos (juntando ambas), unidos a otros dos o tres puntos luminososo de la primera, "Un Viaje Inesperado", no reconozco la esencia... no ya de la obra escrita, ¡sino de la anterior tacada de películas! (La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres, El Retorno del Rey). Igual es que ya estoy mayor, pero me impresionan menos que CERO las cabriolas y demás fuegos de artificio, un 99% de lo cual está generado por ordenador. Esto último no sería problema en sí mismo. Lo que ocurre es que los efectos especiales, para que se integren con naturalidad en la obra y puedan provocarte ALGUNA emoción, deben estar al SERVICIO de la película, y no lucir porque sí,  sin venir a cuento, etc.

Todo esto es una lástima. Tolkien no es solo aventurillas y correteos+espadazos+frase noble+piruetas varias. ¡No! Es lingüística al más alto nivel (ver el libro "Tolkien y la Gran Guerra" de reciente publicación, autor John Garth. Cuando digo "algo nivel", es alto nivel); es filosofía (ver esta conferencia del profesor Eduardo Segura titulada "Concepto de poder, noción de ley y traditio en la mitología de Tolkien": https://www.youtube.com/watch?v=QZyqa2Y42yA); es disfrutar de un amanecer; es la historia de la Larga Derrota, la Esperanza sin garantías; es seguir luchando cuando sabes que vas a perder al 99,9% de posibilidades. Es caminar por tierras de peligros en las que también existen refugios, y gente en quien confiar. Qué facil sería enumerar conceptos tan manidos como nobleza, honor, epicidad, heroísmo, valor... Que sí, que vale, pero eso también está en Conan el Bárbaro (libros de Robert E. Howard y posteriores películas) o Willow; en los libros de Tad Williams (tetralogía de "Añoranzas y Pesares", recomendable leerla al menos una vez en la vida); "El Último Dragón" de Michael Reaves y Byron Preis e, incluso forzando la máquina, en "Crónicas de la Dragonlance" de Margaret Weis y Tracy Hickman.  

El tema estriba en que la obra de Tolkien no es solamente fantasía, magos, elfos, luces de colores y malos que van de negro.¡Claro que tal obra no es perfecta! ¿Qué obra lo es? ¡Claro que depende de los gustos etc de cada cual! ¿Cuál no? ¡Por supuesto que en algunos aspectos se nota el paso del tiempo! ¡Se empezó a gestar en los albores de 1914 e incluso antes! Pero, ay amigo, lo que tienen los clásicos es que su aplicabilidad sí que no desfallece. ¿Ya no vale la Odisea? ¿La Ilíada? ¿Los Diálogos y la República de Platon? ¿Deja de ser magnífico el inicio de "La Regenta" de Alas Clarín por el mero hecho de haberse publicado en 1884?:

"La heroica ciudad dormía la siesta. El viento sur, caliente y perezoso, empujaba las nubles blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el norte." 

 ¿Deja de ser espléndido el final de "El Jardín de los Frailes" de Manuel Azaña por haberse publicado en  1921?:

"Solo estoy en la punta del jardín, ya frío. Vagan tres frailes en el huerto prioral. Las delgadas siluetas, sin gravidez, accionan levemente; algo se dicen, miran al suelo. Se calan la cogulla: a ellos y a mí el cierzo nos hiere. Una cima se encumbra lejos, encapuchada de nieve y rosa. 
En túmulos de escalata
corta lutos el silencio.
Es el ocaso."

¿"La Metamorfosis" de Franz Kafka? (1915):

"¡Mensajero del día! El gran sufrimiento que he vivido me ha hecho persona. Nunca reflexioné sobre el destino, pero ahora aprendo a cavilar. El destino quiere que me presente ante aquellas personas que llamé padre, madre, hermana, jefe y colegas, y a quienes no importaba, ya que mi cuerpo se pudría, que me odiaban y temían, que me escondían por vergüenza y cuyo odio llegó al punto de que hirieron mi cuerpo."

"Rebelión en la granja" de Gerorge Orwell? (1945):

"Doce voces indignadas gritaban, y todas eran iguales. Lo que había ocurrido en los rostros de los cerdos era ahora evidente. Los animales que estaban fuera miraban a un cerdo y después a un hombre, a un hombre y después a un cerdo y de nuevo a un cerdo y después a un hombre, y ya no podían saber cuál era cuál."

Qué cosas, ¿verdad? Se podrá decir que exagero, que pido demasiado a una súper producción. ¡Precisamente! Por eso mismo, por tener tantos recursos a su alcance, debería buscar la excelencia y no el blockbuster facilón. El dragón Smaug no es una criatura fantásticamente maligna a la que hay que dar caza y muerte. Smaug es el último dragón de la Tierra Media, y representa a toda una estirpe (Ancalagon el Negro, Glaurung...), viviendo en él la codicia; una codicia insana y natural, de ahí su grandeza. No se trata de un "mal del dragón" que te vuelve codicioso de repente. ¿Es el oro el que vuelve codicioso al dragón, o eres tú mismo quien genera la codicia al verte reflejado en el dragón? Podemos filosofar, pero... ¿Thorin se vuelve codicioso por el aire que se respira bajo la Montaña? ¿Falta de ventilación? ¿Aire acondicionado? El debate está servido. 

GANDALF. Por favor. ¡Gandalf no es un puñetero viejo que farfulle y se vaya al suelo! ¡Gandalf NO PUEDE ser derrotado así como así! Su explicación es, de nuevo, de vertiente filosófica. No se trata de un mago con superpoderes. ¡No! Es un representante de la Sabiduría en grado sumo, esto es, en la mitología y concepción de Tolkien, una rama del gran árbol de Dios. ¡Como los Elfos, coño! ¿Dónde estás, Platon? Los Elfos NO SON PERFECTOS, ni pueden serlo. Son Hijos de Ilúvatar (Dios), vástagos de su pensamiento, una copia IMPERFECTA del pensamiento de Dios. No usan magia, sino que se imbrican en el mundo de una manera natural. En este sentido, casi NADIE ha entendido al personaje de GALADRIEL, e incluso el de ARWEN UNDÓMIEL. En la película de ayer, vimos a Galadriel hacer frente a un orco... ¡con Gandalf tirado por el suelo! ¡Que no! Elrond, Saruman... el Concilio Blanco que desaloja al Nigromante (Sauron) de la fortaleza de Dol Guldur. Este combate no debería, bajo mi punto de vista, ser tanto físico como sí psíquico. Pero, por favor, hay que entender esto: Gandalf, Saruman y Sauron están en el mismo escalón jerárquico... ¡solo que Sauron no tiene poder aún! Es lo que tiene ligar tu propia esencia a un objeto material. Nueva lección, que no se explica. Ahora bien, Galadriel sí es una Primera Nacida. Pero esto tampoco se explica: simplemente lleva a Gandalf (¡a Gandalf!) en brazos con facilidad, hace magia, se enfrenta al Nigromante, etc etc... Si fuese un combate psíquico, ahí Galadriel sería muy difícil de vencer, pues ella misma emana LUZ. Pero no la luz del interruptor, sino la luz tal y como el autor la imaginaba: la Primera Luz, la luz más prístina y pura. Si yo soy agnóstico y he podido entender esto, es que se puede. 

"-Gandalf, por favor, no debe "farfullar". Aunque parezca quisquilloso a veces, tiene sentido del humor y adopta una actitud algo paternal en relación con los hobbits; es una persona de elevada y noble autoridad, y de gran dignidad."
Es la Carta 210 de Tolkien. No quiero decir que deba tratarse como "El Evangelio". Pero coño, si el personaje es suyo, ¡algo sabrá él! Si no, como dije antes, llámalo "Freindaelf" y haz que farfulle, caiga, pierda (de repente) su poder frente a enemigos claramente inferiores, etc... Pero el Gandalf real no es un hombre de avanzada edad con poderes. Es otra cosa. 

¿Cómo es posible que un dragón derrote, sin paliativos, a todo un Reino, tal y como se expone en el prólogo de "Un Viaje Inesperado", y luego en "La Desolación de Smaug" no pueda vencer a TRECE enanos que lo llevan y marean de acá para allá, engañándolo de la manera más boba (¡eh tú! dice uno para llamar su atención mientras otro por detrás se la arma gorda, por ejemplo), saltando, rodando,  VOLANDO (algún enano, digo), piruetas, cabriolas... ¡Aburre! Ya lo hemos visto antes. Cientos de veces. Es cansino. ¿Dónde están los golpes que duelen, la sangre, el sufrimiento... que veíamos en "El Señor de los Anillos"? ¿Dónde está lo que cuesta ganar? ¿Dónde está la belleza dentro de la crueldad? ¡No está! ¿Se te ha ido la cabeza, Peter?

Cuando te inventas un personaje, tal personaje debe tener un propósito que los preexistentes en la obra original no te pueden dar, según tu criterior. ¿Qué tenemos aquí? Una elfa, Tauriel (bellísima, sí, ¿y qué?); y Alfrid, un taimado ayudante del Gobernador del Lago. ¿Objetivos? No ya menores, sino terciarios o cuaternarios. 

-Tauriel: chica maciza, romance (absurdo y forzado) con un enano (ay señor). Por lo demás, no me molestaría. De hecho, en "La Desolación de Smaug" protagoniza uno de esos destellos que mencionaba al principio cuando habla de la luz de las estrellas. Luego, ¿objetivo? La historieta de amor de turno. Por favor, que ya somos mayorcitos. Tómense esto en serio. 
-Alfrid: una pobre pobre pobrísima caricatura de aquel personaje shakesperiano de "Las Dos Torres" llamado Grima, Lengua de Serpiente. ¿Objetivo? Decir que la codicia es mala. Para eso valdría haber puesto una frase en mitad de la pantalla: LA CODICIA ES MALA, NIÑOS. Nos habría ahorrado la falta de respeto con el material original al poner a este tipo haciendo y diciendo cosas de bufón de cuarta clase. ¿Qué necesidad había? ¿Por qué? 

¡Claro que el humor es importante! Y peligroso, al tiempo, puesto que cada persona tiene el suyo. Pero, de nuevo, es cuestión de parámetro: Gimli el enano pisando cráneos (crak crak) en "El Retorno del Rey", Alfrid disfrazado de mujer con sacos de monedas como tetas. Dos caras de una misma (ejem) moneda. Dile eso, dile hacer el imbécil. El típico humor de "me tiro un pedo: ppprrrddzzddffff" y te ríes. ¡Qué diferencia con la primera escena de la primera película de "El Hobbit", genialmente interpretada por Ian Mckellen y Martin Freeman! Calcada al libro: 

"-¡Buenos días! -dijo Bilbo. 
-¿Qué quieres decir? -preguntó Gandalf-. ¿Me deseas un buen día, o quieres decir que es un buen día, lo quiera yo o no; o que hoy te sientes bien; o que es un día en que conviene ser bueno?
-Todo eso a la vez."
Qué diferencia con el caca-culo-pedo-pis

Una cosa es que determinados personajes, por su condición, aparezcan y existan más cerca de lo natural, y otra que las leyes de la Naturaleza entren en suspenso, de vez en cuando, según a ellos les convenga. ¿Legolas? ¿Hola? Peleas absurdas estiradas hasta la extenuación, por tanto, carentes de emoción y, seguidamente, ausencia de empatía por parte del espectador medianamente serio y que buscaba aquí (¡incauto!) algo más que el mero chispúm. Ay, la emoción. "La Batalla de los Cinco Ejércitos" se llama la última película (por ahora) basada (...) en la obra del profesor de literatura inglesa, inglés antiguo, anglosajón y etc etc John R. R. Tolkien. Un tipo, por otra parte, hijo de su tiempo y círculo social, heredero de su temprana horfandad de padre y madre siendo educado por un cura, bastante meapilas en lo privado y muy muy católico (rechazaba el Concilio Vaticano II). ¿Tiene emoción, la batalla? ¿Cómo, con tamaños recursos, se puede hacer algo tan alejado de la emoción? Un ejército de Elfos de relucientes armaduras moviéndose al marcial unísono NO me impresiona. Parecen robots. Los Enanos ídem: forman un muro de escudos, ¡todos iguales y en los mismos intervalos de milisegundos! ante la carga de los Orcos como si se tratase de un videojuego. ¡No hay emoción porque lo que les ocurra llega a darte igual! 

¿Épica? Hombre, los enanos vistiéndose para la batalla con el "Sons of Durin" de Howard Shore de fondo no está mal; o cuando cargan en cuña (como los jinetes de Rohan... ¿No se conocen más formaciones de combate?) contra los orcos, modificando sus movimientos al ver salir al combate a Thorin. Muy bien, pero ¿qué pasa con el grito por excelencia de los enanos?: "Ai Khazad! Khazad ai menû!!" En lugar de eso, farfullan no sé qué... 

No hay más que recordar las batallas del Abismo de Helm, Amon Hen, el Pelennor, el asedio de Minas Tirith, Osgiliath, la Puerta Negra... ¡Todo eso hecho por el mismo paisano que ahora me muestra toda esta nueva farfolla! Ay, señor. ¿No recuerdan ustedes la Carga de Rohan? ¡Comparen! Es que ni en la música le han dejado hacer a su gusto a Howard Shore. ¡Los mejores temas, recogidos en los discos, no fueron usados! ¿Dónde está la carga de Dáin Pie de Hierro con su tema "Ironfoot" de fondo, gaita incluida? Ídem en temas descartados para Erebor, Durin... En fin. 

¿Por qué hago hincapié en las Cargas? Porque las cargas aquí, en Tolkien, son un TODO O NADA, a lo Julio César en el Rubicón (que rueden los dados). Cuando un personaje de Tolkien elige algo, tarde mucho o poco en decidirlo, es con TODAS las consecuencias. Por eso cuando el rey de Rohan, Théoden, decide acudir en auxilio de Gondor con sus 6.000 jinetes, sabemos que es para bien o para mal. Y llega. Y carga con todo. Y mientras cargan, cantan mientras matan. Es la belleza radical dentro de la crueldad. Y el rey muere en la batalla. ¿Ya te olvidaste de esto, Peter? ¡Coño, si lo rodaste tú, chico! 

¿Cuántos Orcos hay en esta última película? ¿800.000? ¿2.000.000? ¿Cuál es el límite de la computadora que los genera? ¿Qué plan de batalla hay? ¿Elfos, enanos, hombres? ¿Cómo se distribuyen? Ya que vas a hacer una película con una parte muy importante de la misma, bélica, coño, ¡hazla como Dios manda! Mira Ridley Scott. O mírate a ti mismo en Las Dos Torres o El Retorno del Rey. ¿Dónde caray están los lobos que, previamente durante dos pelis, te has encargado de ir mostrándonos? ¿No hay sangre? ¿Dolor? ¿Bardo, un humilde mortal, puede tirarse calle abajo en un carromato destartalado sin que pase nada? ¿Legolas ha pasado a ser DIOS? En la anterior saga ya apuntaba maneras, pero aquí alcanza el Panteón de la Idiotez, sin duda. 

¡Ah! Paisajes, vestuario, maquillaje... eso sí, todo muy bonito. Eso se ha mantenido, pero con un matiz no menor: parece todo un pastel. En las anteriores (2001-2003) lo que veíamos tenía unos tonos muy reales, con la luz integrada en los efectos, o al revés. Estas películas (2012-2014) tienen una estética postmoderna que intenta aparentar ancianidad que no me convence para nada.

 Ya no hay momentos como cuando, antes de la batalla del Abismo de Helm, un pensativo Aragorn le pide a un niño que le deje su espada. La sujeta, calibrándola, y le da vueltas en el aire, cada vuelta más fuerte que la anterior. El chiquillo le dice "dicen que no pasaremos de esta noche, dicen que no hay esperanza". Aragorn coge con firmeza el puño de la espada, aprieta los dientes, se la devuelve y le responde al oído "siempre hay esperanza". Un ejemplo de una escena inventada pero que está AL SERVICIO de la historial, que tiene un objetivo loable y de sentido común, aparte de hermosa. Bien, pues de esto hemos pasado a una patada directa en las gónadas. No hay espíritu. No hay alma. Solo hay mucho músculo, incluso en la música de un Howard Shore quizá obligado quizá arrastrado por el propio sendero de la pelicula, donde impera un exceso de metales retumbones y percusión grave.  

Nunca me molestaron los cambios, ¡nunca!, cuando éstos servían a la historia. Cuando es Arwen quien rescata a Frodo en los Vados del Bruinen en lugar del Alto Elfo Glorfindel no me importó.  Cuando Frodo la ve acercarse, la contempla en un halo de luz que se presta mucho a la broma y al cachondeo, jaja, ¡qué graciosos somos! Sin embargo, la estamos viendo en su forma más pura, más bella en cuanto que cercana a su origen como hija de Ilúvatar. "Que la Gracia que me ha sido otorgada pase a él, y por ella sea curado", dice ella. La Gracia. Concepto paleocristiano, Santo Tomás de Aquino, San Agustín, etc. ¿Qué queda de eso? La Nada. 

¿Qué tono usamos? Quiero decir: libro infantil-juvenil. ¿Película... juvenil, o El Señor de los Anillos parte 4? Mezcla extraña la resultante. No sabe por dónde respira. O una cosa o la otra. Hay cosas de las dos vertientes que están bien, pero vistas como un todo no sabe uno dónde quedarse, dónde está ni qué hacer. Y, lo que es peor, qué sentir.

En fin, ¡qué decepción! Algunos (bastantes) momentos en Bolsón Cerrado en "Un Viaje Inesperado" son francamente leales al título de la obra que dicen adaptar, junto al vuelo rescatador de las águilas del final de la película. En "La Desolación de Smaug" prácticamente nada. Y aquí, en "La Batalla de los Cinco Ejércitos", algún momento entre Bilbo y Gandalf y el regreso a Bolsón Cerrado. No digo, con todo esto, que no hay partes entretenidas. También las hay en "Hércules", o "Transformers". Pero ese algo más que tenían las anteriores películas se ha perdido. Peter Jackson nos ha llevado como Fëanor, al exilio, hemos cruzado el Helcaraxë y a este destino la luz de Ilúvatar no alcanza. Hace frío. 

¿Qué propósito tiene este artículo?
El de no ser un artículo, sino un simple vaciado. El de intentar hacer entender al que haya querido leérselo entero, que Tolkien no es lo que aparece en "El Hobbit"-película, y dar unas pinceladas de por qué digo esto. Se me ha ido mucho la cabeza, lo sé.

Por lo menos no me ha pasado como a Peter Jackson, quien ahora, en este momento, dormita echado con la panza de lado sobre el oro del dragón.  

















viernes, 21 de mayo de 2010

Ridley Hood, pídemelo bien...

El bueno de Sir Ridley Scott (1937) cuenta con una ventaja sobre los demás directores: se llama Ridley, y eso ya impone. No es lo mismo llamarse Tomás Arango, que Ridley Scott. Ojito.
Reconozco que suelen gustarme las películas de Sir Ridley, desde los tiempos de "Los Duelistas", "Alien", "Legend", "1492: la conquista del paraíso", "Blade Runner" y "Thelma y Louise", hasta las recientes "Gladiator", "Black Hawk derribado", "El reino de los cielos" y "Un buen año", una preciosa película, esta última, por cierto. 
El binomio formado con Russell Crowe también me gusta. Es un actor, me parece, muy profesional; me creo sus papeles, desde aquella del oeste con Sharon Stone de pistolera ("Rápida y mortal") hasta "El dilema", "Prueba de vida", "Una mente maravillosa", "Gladiator" y "Master and Commander", interpretando genialmente a Jack Aubrey (con permiso de Deivi).
No obstante, Ridley es capaz de hacer esas películas, las cuales me gustan en su totalidad (unas más, otras menos), y también, porque él lo vale, de hacer cosas como "La teniente O'Neal" y "Tormenta blanca"... 
Ahora, Ridley (a sus setenta y dos castañas) y Russell vuelven a asociarse para ofrecernos (y ganar tela, claro está) otra película sobre Robín de los Bosques. Y, oigan, me ha gustado. Mucho.
Películas sobre el hombre que robaba a los ricos para dar el dinero a los pobres (que se presente Robín Hood) hay unas cuantas, desde aquella del gran Errol Flynn hasta la de Kevin Costner. En este sentido, Ridley, que por inventar, es capaz de inventarse a sí mismo si le place, ha entendido que haber hecho un remake no tendría demasiado éxito. Por eso, y sabiendo el bueno de Ridley que todo mito o leyenda tiene un origen, por lejano que sea, se propone esta vez contarnos la historia de antes, el origen del mito. 
Hace tiempo que deseché fiarme de las críticas antes de ir a ver las películas. Para llegar a esa conclusión, utilicé el método científico de: veo primero la película y posteriormente leo las críticas, y luego comparo. Y madre mía. En muchos casos, pareciera que la película por la que pagué mi entrada fuese otra. En este caso, ha pasado igual. 
Desde las batallas de "Braveheart", "Gladiator", "El Reino de los Cielos", el Abismo de Helm y el sitio de Minas Tirith ("El señor de los Anillos"), "Alejandro Magno" (batalla de Gaugamela), incluso las navales de "Master and Commander" y terminando por "Avatar" (hablamos de cine "moderno", claro está, porque también podríamos referirnos a "Espartaco", "Tora, Tora, Tora!", e incluso a las mastodónticas megaproducciones del cine mudo de los años 20)... desde esas batallas cinematográficas, ya es complicado sorprender bélicamente en las salas de cine. En este sentido, "Robin Hood" no posee su punto fuerte en las escenas de acción (estando muy bien rodadas), con una salvedad: el asedio inglés al castillo de Châlus, en Francia, sitiado por Ricardo Corazón de León en su camino de regreso desde las Cruzadas. Es emocionante, para un historiadorcillo, ver a un Ricardo III de Inglaterra alejado de la imagen de Sean Connery en "Robin Hood: el príncipe de los ladrones", la divertida película de Kevin Costner. Aquí, Ricardo Lionheart nos es presentado por Ridley como el hijo de Leonor de Aquitania, imponente de presencia, la melena rubia al viento, balanceando la espada al frente de la tropa gritando aquello de "¡¡Mirad como luchan con corazón de león!!". Su destino es el que se refleja en la película, y no el que nos cuenta la leyenda. 
El punto fuerte está, para mí, en que mediante una serie de mecanismos, el bueno de Ridley fue capaz de llevarme de la butaca del cine hasta la Inglaterra del siglo XII; plantando los campos al amanecer, el violín del bardo, la miseria del pueblo de Nottingham (me gustó siempre este nombre), los bosques ingleses interminables, la campiña, la caballería subiendo la ladera hasta lo alto del acantilado, el recuerdo del asedio de Acre y el asesinato ordenado por Ricardo Lionheart de más de 3000 prisioneros musulmanes. Cate Blanchett como Lady Marian Locksley me encantó. Genial escena del famoso "...pídemelo bien...". Como Ridley es un tipo que será lo que sea, pero saber, sabe, nos va colando los elementos del mito en la trama histórica, a veces con humor, incluso: fray Tuck y sus abejas y su cerveza, el pequeño John, el rey Juan sin Tierra... ¿Que altera la historia? Bueno. ¿Que la carta de derechos se firmó muchos años después? Bueno. ¿Que el desembarco francés no ocurrió en esas circunstancias ni en ese tiempo? Bueno. Ridley puede inventarse eso y mucho más, porque para algo es Sir, y hacer, además, que quede bien. Es un maestro del filo de la navaja.
Sobre la música de Marc Streitenfeld, decir que está bastante conseguida (la llevo en el ipod, luego ha pasado "mi prueba"). La gaita, el laúd, bouzoki, violín, la flauta... aportan un toque muy singular a la orquesta completa. Mi tema favorito es el último, "Merry men" (los alegres acompañantes de Hood), también el de la última escena de la que hablaré un poco más abajo. 
El barco que lleva de vuelta la Corona de Ricardo a Londres entra en el estuario del Támesis, y la cámara sobrevuela muy arriba la embarcación. Resuenan fanfarrias a lo Miklós Rózsa (ejem), y Ridley nos dice mirad, hermanos, la torre de Londres en el siglo XII. Y recreándose. Para mí, eso valió la entrada. Pisha. 
Dice el maestro Pérez-Reverte que cualquier historia, de cualquier género, ambientada en cualquier época, lugar y circunstancia, para valer la pena debe hablar, al final, del corazón del Hombre. Decía Tolkien que una buena parte de los mitos, nacen del corazón de los Hombres, cocinados en una gran marmita, y servidos a fuego lento por la Historia, que los altera y condimenta. Ridley, en este "Robin Hood" que me ha encantado, une en la escena final la Historia con la Leyenda, haciéndolas convivir durante la película como buenas amigas, y dando paso la una a la otra en las últimas imágenes de una forma tranquila, armoniosa y hermosa:
Simplemente, una flecha hiende el aire, saliendo de la nada. 
Y se clava en un roble.


"Alzaos una y otra vez, hasta que los corderos se conviertan en leones"

lunes, 11 de enero de 2010

Ese Avatar

O cómo un compositor resurge de sus cenizas

Bueno, ya la he visto. La hemos visto, mejor dicho.  Después del bombardeo mediático, de opiniones encontradas (que si mucho artificio, que si indios y vaqueros, que si tal, que si cual...) y demás parafernalia que acompaña a un estreno tan mediático, el velo se ha echado a un lado.
Vimos la película de marras en 3D, cosa que no había hecho nunca. Las gafas, psicodélicas, al principio molestan un poco, pero luego uno se acostumbra (otros, u otras, no tanto). Lo mejor es el ambientillo de ir al cine, las palomitas, la sala a rebosar, la cola para entrar... Por mucho que mejoren los equipos de cine en casa nunca podrán igualar esa sensación de magno acontecimiento, en mi opinión, aunque para gustos, colores.
Pero vamos a lo que importa, al meollo.
El argumento todos o casi todos lo sabemos, y como esto no es una crítica profesional,  los que no lo sepan no tienen mas que poner "Avatar" en google, o directamente en la wikipedia, y leerlo. Dicho esto, el fondo de la historia no es para tirar cohetes, ciertamente. A quiere algo que tiene B, y como B no se lo entrega por las buenas, A hace la guerra a B para arrebatárselo por las bravas. Dentro de esta proplija fábula, nos encontramos con personajes que el bueno de James Cameron maneja como pez en el agua, esos arquetipos yankis que, lamentablemente, existen en la realidad, muchas veces superando con creces a la ficción en cuanto a nivel de estulticia. Véase ese coronel de los marines con voz de Saruman, por ejemplo, o los marines en general, carentes de materia gris.
A lo largo de las casi tres horas de metraje, la peli entretiene, no aburre, y eso ya es mucho. Y luego está lo de los efectos especiales. ¿Hasta dónde llegará la técnica? Quiero decir: en "Avatar" tú ves a un Na'vi y a un fulano real, y dices ¿dónde está la diferencia? Llegará el día, a lo mejor, en que un productor de cine, de esos que tienen 5 mansiones, 3 ferraris, dos yates, acciones en bancos japoneses, etc, le diga a un actor de carne y hueso aquello de "oye tú, guapito de cara, Yorch Clunei, o como te llames, que ya no te contrato ¿eh? que los dos millones de dólares que me pedías los puedes enrrollar, billetito a billetito, e ir introduciéndotelos de a poco por todo lo que viene siendo tu canal rectal, ¿me sigues? que en lugar de tí, o de tú, con esos 2 millones contrato yo a unos superhiperexpertos informáticos que te rilas, de mucho nivel, Maribel, que me van a hacer un fulano digital que parece real, que hasta mea, y todo, y que no tiene contrato ni cláusulas ni se afilia al sindicato de actores. Así que ya sabes, Yorch, tú dale fuerte a los anuncios de Nexpresso, y eso. "
Técnicamente, "Avatar" es un prodigio, una maravilla, con unos paisajes bellísimos, una integración CGI-real absolutamente fantástica, que supera con creces el propio desarrollo de la historia que Tito James quiere contarnos, después de hundirnos en nuestras narices el Titanic. Tampoco hay alardes excesivos, hechos sólo para lucir los efectos, aunque si así fuese, tampoco molestaría: tal es el prodigio. Las escenas de los vuelos son preciosas, las de acción (la guerra) muy bien llevadas, las íntimas se salvan con alguna dignidad (podría haber sido peor, quiero decir)... Cameron y sus muchachos logran, en ciertas partes, que te identifiques con el pueblo Na´vi, que desees visitar Árbol Madre, y escuchar las voces de los ancestros en el árbol de Eywa.

Y luego, está James Horner.
Ese fulano es el compositor, y un comentario (breve) sobre él no podía faltar, ya que de casi todos es conocida mi afición frikística a las bandas sonoras. El bueno de James Horner es conocido por muchos, incluso por usted, querido lector, aunque no pueda ni sospecharlo. ¿No reconocerían la gaita de "Braveheart", o el tema de "Titanic"? A que sí. Bien pues ese es James Horner. Pero... ¡ay! este hombre es conocido, en el mundillo de los bandasoneros, como Hornereprise, el autocopiador. James es, desde hace más o menos 15 años, aficionado a autoreferenciarse en cada obra nueva que compone, pero no en un ejercicio de estilo, sino a veces poniendo las mismas notas para crear temas de diferentes películas. Y "Avatar" no es una excepción a este regla impuesta a sí mismo por sí mismo. De esta manera, en las 3 horas de proyección podemos escuchar "Braveheart", "Titanic", "Troya", "El hombre bicentenario", "La sombra del diablo", "Willow", "Una mente maravillosa", "Enemigo a las puertas"... y el famoso tema/motivo de cuatro notas, tocado a menudo por los vientos graves, con el que Horner identifica el peligro, amenaza, el Mal...
Pero "Avatar" también es diferente. Aquí, James Horner le da un toque diferente, parece compuesta con más mimo, y no un mero refrito de su obra. Se ve en los acompañamientos al tema de Pandora y los Na'vi, en el buen trabajo de percusión, en la música compuesta para las escenas de guerra (¡coros trabajando codo con codo con los metales, y la orquesta por debajo! ¿Cuánto hacía que Horner no nos daba algo así?). Con esto, el buenazo de James demuestra que el que quiere puede, y que él de componer sabe un rato largo (coro, orquesta, voces solistas, electrónica integrada con todo lo anterior... todo ello sin compositores adicionales como hace el bueno de Hans Zimmer, grabado y orquestado por el propio Horner), y da la impresión, en fin, que si no hace eso siempre, es poque no quiere. Un buen trabajo, Avatar. En el mp3 lo llevo, enterito.

De manera que, a la espera de futuras aportaciones al mundo del cine que aúnen técnica y guión de un modo sobresaliente, este "Avatar" constituye una opción más que considerable para acercarse al cine, si la nieve lo permite, y pasar un rato agradable.


Que Eywa os proteja.


domingo, 18 de octubre de 2009

Ágora, o la parábola del círculo

En mi última visita a casa (Avilés) encontrábame yo en una charla distendida y familiar, al socaire del último día de fiesta nacional. En un momento dado, el menda afirmó (con total convicción, y corrigiendo a otra persona) que los patos, en general, tenían alas pero eran incapaces de volar, como si tal fuese su naturaleza. Entonces David, sin darse importancia ni haciéndome sentir inepto, hizo una acotación sobre el asunto:
"-Sí que pueden volar, lo que pasa que a los patos del parque les cortan las alas, para que no marchen."
Bueno, esto puede parecer de perogrullo, y de hecho lo es. ¡Tantos años pensando que los pobres patos, ánades, anátidas en general, no poseían el don de Hermes! ¿Influenciada mi mente por la presencia del pato Lucas y/o Donald? Puede ser, pero no es a lo que voy.
A lo que voy, es a que algo que pueda parecernos simple, más claro que el agua, de cajón, siempre tuvo un primer descubridor o descubridores, y antes que él/ellos, tuvo unos primeros investigadores del asunto.
Digo esto porque el sábado pasado vimos "Agora", la nueva peli del Amenábar. Trata, como casi todo el mundo sabrá, de una parte de la vida de la filósofa Hipatia de Alejandría (finales siglo IV d.C.), en el tiempo en que los filósofos investigaban, teorizaban y se mojaban las manos comprobando (ensayo y error, etc) las teorías que bullían en su mente. La peli nos muestra a Hipatia como una investigadora del círculo, esa forma perfecta que, en principio, debe regir, en tanto que perfecta, el ordenamiento del universo, del mundo, de la vida.
Pero no todo lo perfecto termina funcionando. No digo más, para los que aún no la hayais visto.
Pero la peli habla de algo más. Está ahí un interesante reflejo del conflicto civil-religioso, a nivel histórico (miel para la abeja que soy yo), reflejado entre el obispo Cirilo (el futuro San Cirilo) y el prefecto Orestes, autoridad civil de un Imperio Romano a un tris de desaparecer (recordemos, fin "oficial" del Imperio de Occidente en 476 d.C.). También tenemos el conflicto personal, gentes que eran paganas al principio y terminaron convirtiéndose al cristianismo, la religión de moda y en auge, bien por propia convicción bien para medrar bien por obligación para salvar el pellejo, que eso siempre cuenta mucho. También hay amor, pero en una medida normal, platónico a veces, lo cual viene también al pelo (por lo del filósofa, y tal). Y, no nos engañemos, también es una película de Mujer. Una filósofa que da clases, que investiga en matemática y ciencia, que es una autoridad reconocida en la Biblioteca de Alejandría, pasada por el tamiz del cristinanismo se convierte en eso, una mujer, sin aditamentos, destinada, precisamente, a ser el aditamento del hombre, del varón. "Debe callarse", en general, según las Escrituras que lee el obispo Cirilo. Es lo que hay.
Hay dualidad en la peli. Los "malos" no son estúpidos, aunque algunos vayan de negro. Dentro del cristianismo también vemos luz (el obispo Sinesio de Cirene, por ejemplo, y las obras de caridad social repartiendo pan entre los pobres), y dentro de los paganos también vemos oscuridad (la intolerancia respecto a las nuevas ideas religiosas, la sed de venganza). Aunque supongo que todo esto cada uno lo interpretará acorde con sus propias convicciones. Como le venga en gana, vamos.
El círculo. La Tierra. El planeta, digo. Lo vemos constantemente, en planos hiperabiertos que descienden desde la ionosfera hasta el delta del Nilo donde se enmarca Alejandría, de seguido, sin corte de plano, en una peli española. Ya era hora, caray.
Pero el Amenábar nos engaña, nos somete a un fraude bien pensado. Todo el tiempo hablando del círculo, mostrándonos el Planeta entero, como si este fuera, realmente, un círculo. Pero todo es una apariencia. ¿No está, acaso, achatada por los polos...?
La peli es buena. Pienso que es la mejor película española del año, y de otros años también, y lo digo sin haber visto todas las demás, pero ni falta que hace. Pero no es una obra maestra. Muchas veces le falta "punch". Le falta algo. Emoción, a veces. Una música que hile las imágenes de una forma reconocible y emocionante. Esos zoom brutales sólo son acompañados por un lejano rumor. Hace falta más. Las peleas callejeras no admiten, a estas alturas, a secundarios y terciarios balanceando una pala de dientes parados sin saber dónde meterse para pelear. Alejandría es hermosa tal y como la retrata Amenábar, pero se echa en falta algún plano medio y corto más, de otros lugares que no sean la biblioteca y, precisamente, el ágora, esa plaza pública a la que accedían los ciudadanos en la antigua Grecia (no al Zigurat, por ejemplo, el templo al que sólo entraban los sacerdores).
Pero está bien, Alejandro Amenábar. ¿Qué habrías hecho con Alatriste? Ese héroe abatido reflejo de una España imperial a punto de deshauciarse, en una ciudad oscura donde por menos de nada te endiñaban dos palmos y medio de acero vizcaíno en una esquina.
El círculo. Lo perfecto no existe.
Todo, en la Vida, se puede curvar.
Id en paz, hermanos.