lunes, 11 de enero de 2010

Ese Avatar

O cómo un compositor resurge de sus cenizas

Bueno, ya la he visto. La hemos visto, mejor dicho.  Después del bombardeo mediático, de opiniones encontradas (que si mucho artificio, que si indios y vaqueros, que si tal, que si cual...) y demás parafernalia que acompaña a un estreno tan mediático, el velo se ha echado a un lado.
Vimos la película de marras en 3D, cosa que no había hecho nunca. Las gafas, psicodélicas, al principio molestan un poco, pero luego uno se acostumbra (otros, u otras, no tanto). Lo mejor es el ambientillo de ir al cine, las palomitas, la sala a rebosar, la cola para entrar... Por mucho que mejoren los equipos de cine en casa nunca podrán igualar esa sensación de magno acontecimiento, en mi opinión, aunque para gustos, colores.
Pero vamos a lo que importa, al meollo.
El argumento todos o casi todos lo sabemos, y como esto no es una crítica profesional,  los que no lo sepan no tienen mas que poner "Avatar" en google, o directamente en la wikipedia, y leerlo. Dicho esto, el fondo de la historia no es para tirar cohetes, ciertamente. A quiere algo que tiene B, y como B no se lo entrega por las buenas, A hace la guerra a B para arrebatárselo por las bravas. Dentro de esta proplija fábula, nos encontramos con personajes que el bueno de James Cameron maneja como pez en el agua, esos arquetipos yankis que, lamentablemente, existen en la realidad, muchas veces superando con creces a la ficción en cuanto a nivel de estulticia. Véase ese coronel de los marines con voz de Saruman, por ejemplo, o los marines en general, carentes de materia gris.
A lo largo de las casi tres horas de metraje, la peli entretiene, no aburre, y eso ya es mucho. Y luego está lo de los efectos especiales. ¿Hasta dónde llegará la técnica? Quiero decir: en "Avatar" tú ves a un Na'vi y a un fulano real, y dices ¿dónde está la diferencia? Llegará el día, a lo mejor, en que un productor de cine, de esos que tienen 5 mansiones, 3 ferraris, dos yates, acciones en bancos japoneses, etc, le diga a un actor de carne y hueso aquello de "oye tú, guapito de cara, Yorch Clunei, o como te llames, que ya no te contrato ¿eh? que los dos millones de dólares que me pedías los puedes enrrollar, billetito a billetito, e ir introduciéndotelos de a poco por todo lo que viene siendo tu canal rectal, ¿me sigues? que en lugar de tí, o de tú, con esos 2 millones contrato yo a unos superhiperexpertos informáticos que te rilas, de mucho nivel, Maribel, que me van a hacer un fulano digital que parece real, que hasta mea, y todo, y que no tiene contrato ni cláusulas ni se afilia al sindicato de actores. Así que ya sabes, Yorch, tú dale fuerte a los anuncios de Nexpresso, y eso. "
Técnicamente, "Avatar" es un prodigio, una maravilla, con unos paisajes bellísimos, una integración CGI-real absolutamente fantástica, que supera con creces el propio desarrollo de la historia que Tito James quiere contarnos, después de hundirnos en nuestras narices el Titanic. Tampoco hay alardes excesivos, hechos sólo para lucir los efectos, aunque si así fuese, tampoco molestaría: tal es el prodigio. Las escenas de los vuelos son preciosas, las de acción (la guerra) muy bien llevadas, las íntimas se salvan con alguna dignidad (podría haber sido peor, quiero decir)... Cameron y sus muchachos logran, en ciertas partes, que te identifiques con el pueblo Na´vi, que desees visitar Árbol Madre, y escuchar las voces de los ancestros en el árbol de Eywa.

Y luego, está James Horner.
Ese fulano es el compositor, y un comentario (breve) sobre él no podía faltar, ya que de casi todos es conocida mi afición frikística a las bandas sonoras. El bueno de James Horner es conocido por muchos, incluso por usted, querido lector, aunque no pueda ni sospecharlo. ¿No reconocerían la gaita de "Braveheart", o el tema de "Titanic"? A que sí. Bien pues ese es James Horner. Pero... ¡ay! este hombre es conocido, en el mundillo de los bandasoneros, como Hornereprise, el autocopiador. James es, desde hace más o menos 15 años, aficionado a autoreferenciarse en cada obra nueva que compone, pero no en un ejercicio de estilo, sino a veces poniendo las mismas notas para crear temas de diferentes películas. Y "Avatar" no es una excepción a este regla impuesta a sí mismo por sí mismo. De esta manera, en las 3 horas de proyección podemos escuchar "Braveheart", "Titanic", "Troya", "El hombre bicentenario", "La sombra del diablo", "Willow", "Una mente maravillosa", "Enemigo a las puertas"... y el famoso tema/motivo de cuatro notas, tocado a menudo por los vientos graves, con el que Horner identifica el peligro, amenaza, el Mal...
Pero "Avatar" también es diferente. Aquí, James Horner le da un toque diferente, parece compuesta con más mimo, y no un mero refrito de su obra. Se ve en los acompañamientos al tema de Pandora y los Na'vi, en el buen trabajo de percusión, en la música compuesta para las escenas de guerra (¡coros trabajando codo con codo con los metales, y la orquesta por debajo! ¿Cuánto hacía que Horner no nos daba algo así?). Con esto, el buenazo de James demuestra que el que quiere puede, y que él de componer sabe un rato largo (coro, orquesta, voces solistas, electrónica integrada con todo lo anterior... todo ello sin compositores adicionales como hace el bueno de Hans Zimmer, grabado y orquestado por el propio Horner), y da la impresión, en fin, que si no hace eso siempre, es poque no quiere. Un buen trabajo, Avatar. En el mp3 lo llevo, enterito.

De manera que, a la espera de futuras aportaciones al mundo del cine que aúnen técnica y guión de un modo sobresaliente, este "Avatar" constituye una opción más que considerable para acercarse al cine, si la nieve lo permite, y pasar un rato agradable.


Que Eywa os proteja.


jueves, 31 de diciembre de 2009

Tres Reyes y Un Destino

Camino desde Oriente (según se entra, a la derecha) marchaban tres fulanos en camello. Era noche cerrada; una noche fría, silenciosa, de trémula negrura (lo cual no tiene mucho sentido, porque si es cerrada y negra como las gónadas de un grillo, no puede tremolar). 
-Oye tú.
-Qué.
-¿Qué ves? ¿Un portal de Belén, o algo?
-Yo no veo ni tres en un burro.
-Pero -apunta el tercero- si vamos en camello.
-No, si por algo eres el tercero, amigo.
-Maldita estrella ¿eh?
-Nos la ha jugado bien, la estrella.
-Ya te digo.
-"Seguidme seguidme" nos decía, la estrella.
-"Yo os guiaré hacia la Luz", nos dijo, que me acuerdo yo.
-No me lo recuerdes, que me pongo malo.
-Yo no lo veo claro, ¿eh?
-Como para ver algo está la cosa.
-Ahí le has dao.
-Oye ¿y si paramos un poquito?
-¿Por?
-Es que me pesa la mirra. Por cierto, os sabéis el villancico de la mirra?
-¿Hay un villancico de la mirra?
-Faltaría más: pero mirra como beeeben los peces en el rrríoooo...
-O te callas a la de YA o no respondo.
-Yo sigo sin verlo claro, ¿eh?
-Yo nuestro futuro lo veo muy negro. Más negro que tú, Balti.
-No me digas eso, que me hundes.
-Pues yo pienso que por allí se ve algo, ¿eh?
-¿Piensas o lo ves?
-No sé.
-Ah.
-¡Ey sí! Allá se vislumbra una luz.
-Cierto ello es, Gaspi.
-Vamos a acercarnos. Despacito y con buena letra ¿eh? Que voy cargado de oro del bueno.
-Vale Melchi.
Y descienden por una ladera que les lleva al fondo de un valle. Escuchan, cerca, el murmullo de un río.
-Te dije cuando salimos de Oriente que cogiésemos bañador.
-¿De Oriente? ¿Te refieres al Café Oriente donde paramos los domingos a tomar la penúltima, o a Oriente como concepto geofísicopolítico?
-Eh... Vete por ahí.
-No, por ahí vamos todos.
-Oye que yo soy de Armenia ¿eh?
-Pero ¿eso es un país, o qué es, Melchi?
-A que te doy.
-A que no, que yo soy de Egipto, y muerdo.
-Cuidado, habló Tutankamón.
-Eso lo dices por egipcio o por la edad.
-Por ambas cosas.
-Pues tú eres más viejo que yo, Melchi, perdona que te diga.
-Claro, y por eso soy más sabio, el líder de la manada, el de la barba luenga y blanca...
-Si tú lo dices...
-Ey -dice Balti- que yo soy de... ¿de dónde era yo?
-¿Tú? Vete tú a saber, si al principio ni eras negro, ni ná.
-¿Ah no?
-No.
-¿Y quién me cambió?
-Quién va a ser, hombre: la de siempre, la Tradición.
-Pues ya verás cuando coja yo a la Tradición esa. Le voy a meter los Carioca por el...
En esto que suena fuerte, en la negrura, un CLONNNK y luego un ¡AY! y luego muchos insultos seguidos.
-¡Mecagoenmicalavera!
-¿Qué fue?
-Que pegué contra algo, coño.
-A ver a ver, que saco el fanal -dice Balti.
-¿¿Llevabas un fanal??
-Claro.
-Te voy a... a ver anda, alumbra ahí.
Y cuando surge la lumbre, aparece ante ellos un cartel de hierro, blanco y con letra negras, y un chichón en la cabeza de Gaspi.
-¿Qué rayos pone ahí?
-A ver...
-Leelo tú, Melchi, nuestro líder.
-Eh... Qué raro.
-¿Eh? ¿Eh?
-Me parece que no estamos en Belén.
-¿No?
-Ni en Judea. Ni Palestina. Ni siquiera al lado del Bósforo, chicos.
-¿Y dónde...?
-No tengo ni idea. Sólo sé que en ese cartel pone "MIERES. 2 kms".
-¿Y eso dónde carajo está? ¿Y qué hacemos con el oro, la mirra y todo eso?
-Pues qué vamos a hacer, alma de cántaro: ponerlo a plazo fijo, hasta que pase la crisis.
-Buena idea.
-Sí.
-Vamos a ver si en aquellas luces del fondo hay algiuen que nos indique, anda.
-Sí, vamos.
-Desde luego -conclye Melchi, para sí-, que duro es trabajar. Espera que se lo cuente al cabronazo de Papá Noel. Se va a partir, sentao en su trineo. El hioputa.

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS Y PRÓSPERO AÑO 2010!

martes, 24 de noviembre de 2009

150 años de hombres-mono

Hoy se cumplen 150 años, que no son pocos, de la publicación de un libro, El Origen de las Especies. De un tal Darwin. Fue el 24 de noviembre de 1859, poniéndose a la venta en la editorial londinense John Murray y agotando en su primer día 1250 ejemplares, según puede leerse, por ejemplo, en la Wikipedia.
No quiero entrar en disquisiciones político-religiosas hoy. Bien es cierto que todavía la teoría de la Evolución de las Especies no se enseña en algunas partes del Mundo, como en varios coles de EEUU, y eso. Pero el aporte de Darwin no buscaba tal cosa. De hecho, él no se consideró ateo nunca, sino agnóstico, osea, puede ser o no puede ser, creo que no pero oye, yo qué sé. ¿Quién sabe? Parece que no pero yo la mano en el fuego no la pongo, tú.
Su contribución, buscada o no, al mundo de la Ciencia en general y de la Historia en particular, fue y es enorme. Abrió vías, caminos, senderos de exploración. En estos 150 años no se ha hecho sino pulir su teoría, pero no hay ninguna otra nueva, de momento. Y por cierto, esa teoría de Darwin no dice, en ningún momento, que el Hombre venga del Mono. Reitero: el Hombre no viene del Mono.
Para acabar este pequeño recuerdo/homenaje, trasladémonos por un momento al Londres de 1859: el día frío, gris, lluvioso, señores con gabán, capas largas y oscuras, paraguas con pincho, estoques y bastones, pordioseros en cada calle, callejones convertidos en estercoleros, humo de fábricas de la Revolución Industrial, la lanzadera volante, y eso. La reina Victoria tiene 40 años, y hace veintiuno que ha sido coronada. Supongamos que somos unos viajeros españoles, de visita turística. Hemos cogido un barco en Santander, y a los dos días nos dejó en el puerto de Liverpool. Desde ahí a Londres tardamos en coche de caballos varias horas. Ya en Londres, paseando en aquel noviembre, antes de que se haga de noche, nos arrebujamos en nuestra capa de viaje y nuestra bufanda, calándonos bien el sombrero. Paseo por la ribera del Támesis. Algunas fábricas comienzan a realizar vertidos en sus aguas.
Ya por el centro, antes de ir a la fonda donde alquilamos habitación, nos detenemos por casualidad en una librería. En el escaparate hay un libro, como novedad. "The origin of the species by means of natural, or the preservation of favoured races in the struggle for life". By Charles Darwin M.A., pone debajo. Nosotros, que como tenemos reales suficientes para permitiros viajar a Inglaterra de turismo, también, por lo mismo, hablamos un correcto inglés, miramos con detenimiento. Preguntamos, ya en el interior, al librero.
Exquiusmi, ser. Güat is dis?
Una novedad, nos dice. Niú niú buk. Veri niú. Alotof. Osea.
Yes verigüel.
¿Qué haríamos nosotros, españolitos de esa fecha, si hubiéramos podido comprar y leer ese libro?
¿Lo habríamos comprado?