O cómo un compositor resurge de sus cenizas
Bueno, ya la he visto. La hemos visto, mejor dicho. Después del bombardeo mediático, de opiniones encontradas (que si mucho artificio, que si indios y vaqueros, que si tal, que si cual...) y demás parafernalia que acompaña a un estreno tan mediático, el velo se ha echado a un lado.
Vimos la película de marras en 3D, cosa que no había hecho nunca. Las gafas, psicodélicas, al principio molestan un poco, pero luego uno se acostumbra (otros, u otras, no tanto). Lo mejor es el ambientillo de ir al cine, las palomitas, la sala a rebosar, la cola para entrar... Por mucho que mejoren los equipos de cine en casa nunca podrán igualar esa sensación de magno acontecimiento, en mi opinión, aunque para gustos, colores.
Pero vamos a lo que importa, al meollo.
A lo largo de las casi tres horas de metraje, la peli entretiene, no aburre, y eso ya es mucho. Y luego está lo de los efectos especiales. ¿Hasta dónde llegará la técnica? Quiero decir: en "Avatar" tú ves a un Na'vi y a un fulano real, y dices ¿dónde está la diferencia? Llegará el día, a lo mejor, en que un productor de cine, de esos que tienen 5 mansiones, 3 ferraris, dos yates, acciones en bancos japoneses, etc, le diga a un actor de carne y hueso aquello de "oye tú, guapito de cara, Yorch Clunei, o como te llames, que ya no te contrato ¿eh? que los dos millones de dólares que me pedías los puedes enrrollar, billetito a billetito, e ir introduciéndotelos de a poco por todo lo que viene siendo tu canal rectal, ¿me sigues? que en lugar de tí, o de tú, con esos 2 millones contrato yo a unos superhiperexpertos informáticos que te rilas, de mucho nivel, Maribel, que me van a hacer un fulano digital que parece real, que hasta mea, y todo, y que no tiene contrato ni cláusulas ni se afilia al sindicato de actores. Así que ya sabes, Yorch, tú dale fuerte a los anuncios de Nexpresso, y eso. "
Técnicamente, "Avatar" es un prodigio, una maravilla, con unos paisajes bellísimos, una integración CGI-real absolutamente fantástica, que supera con creces el propio desarrollo de la historia que Tito James quiere contarnos, después de hundirnos en nuestras narices el Titanic. Tampoco hay alardes excesivos, hechos sólo para lucir los efectos, aunque si así fuese, tampoco molestaría: tal es el prodigio. Las escenas de los vuelos son preciosas, las de acción (la guerra) muy bien llevadas, las íntimas se salvan con alguna dignidad (podría haber sido peor, quiero decir)... Cameron y sus muchachos logran, en ciertas partes, que te identifiques con el pueblo Na´vi, que desees visitar Árbol Madre, y escuchar las voces de los ancestros en el árbol de Eywa.
Y luego, está James Horner.
Ese fulano es el compositor, y un comentario (breve) sobre él no podía faltar, ya que de casi todos es conocida mi afición frikística a las bandas sonoras. El bueno de James Horner es conocido por muchos, incluso por usted, querido lector, aunque no pueda ni sospecharlo. ¿No reconocerían la gaita de "Braveheart", o el tema de "Titanic"? A que sí. Bien pues ese es James Horner. Pero... ¡ay! este hombre es conocido, en el mundillo de los bandasoneros, como Hornereprise, el autocopiador. James es, desde hace más o menos 15 años, aficionado a autoreferenciarse en cada obra nueva que compone, pero no en un ejercicio de estilo, sino a veces poniendo las mismas notas para crear temas de diferentes películas. Y "Avatar" no es una excepción a este regla impuesta a sí mismo por sí mismo. De esta manera, en las 3 horas de proyección podemos escuchar "Braveheart", "Titanic", "Troya", "El hombre bicentenario", "La sombra del diablo", "Willow", "Una mente maravillosa", "Enemigo a las puertas"... y el famoso tema/motivo de cuatro notas, tocado a menudo por los vientos graves, con el que Horner identifica el peligro, amenaza, el Mal...
De manera que, a la espera de futuras aportaciones al mundo del cine que aúnen técnica y guión de un modo sobresaliente, este "Avatar" constituye una opción más que considerable para acercarse al cine, si la nieve lo permite, y pasar un rato agradable.
Que Eywa os proteja.
