En estos días en los que lo más importante parece la corrupción, que si la trama Gurtel (la Trama por excelencia), la trama de Santa Coloma, lo de Lugo, lo de Mallorca, lo de Caja Madrid, lo de Maroto y el otro y la moto de mi cipoto, como si hubiéramos descubierto ahora la corruptela, el compadreo y lo otro.
En estos días, digo, donde los medios de comunicación (los mass media, como decía un profesor finolis de mi facultad) nos bombardean como a borregos un día sí y otro también, diciéndonos que qué vergüenza esto y lo otro ("esto" y "lo otro" dependen, en su esencia y gradual importancia del canal que se ponga), sazonándonos la mierda con un poquito más de mierda espolvoreada a granel (que si un Gran Hermano por aquí, un Pekín Express por allá, que si el Granjero busca Polvo, que si el Aprendiz, que si esta gilipollez, que si esta otra)... y nosotros venga a tragar, porque ya bastante nos porculean en el trabajo y en la Administración, que si Fulano tráigame este papel, que si le falta a usted para cumplimentar la instancia un certificado de la primera vez que tiró usté de beta (que cagó, vamos, siendo usté un mico, osea, un niño de teta), y tal, y tragando y tragando, porque llegamos derrengados y encima hay que dar gracias por no estar en paro, que esa es otra. Y venga, mierda por un tubo, y un sistema "democrático" que genera, por su propia naturaleza, corrupción a espuertas, y venga a decirnos todos que qué vergüenza, cómo es posible, oiga, que yo para eso no le voté a usté, ni al otro, como si el pobre diablo que abre la boca para quejarse supiera realmente lo que está diciendo, el muy mamón.
Y hoy, tres de noviembre de 2009, 10:46 de la mañana, a nadie le importa un carajo la efeméride, salvo a cuatro chalados, como el menda. Hoy hace 69 años que murió Azaña: solo en el exilio, deshauciado por todos y por la vida en general, en una lúgubre habitación de un hotel en Montauban alquilada por la embajada de Méjico en medio de la Francia de Vichy, con los nazis conchabados por la policía de Franco para llevarse a Azaña atado con una correa exhibiéndolo por el Paseo de la Castellana.
Pero esa luz no se extinguió del todo, aunque nadie la recuerde hoy. Los telediarios no abriran en primera plana, porque no es actualidad, ,ni mierda de Gurtel ni Rajoy ni Zetapé ni Rato ni Aguirre ni la Trama ni la madre que los parió. Pero casi lo prefiero. De esta manera, silenciosa, la lumbre sigue, bermeja, arrojando tímida luz perpetua de dignidad republicana. La misma de "España ha dejado de ser católica", algo que la mayoría ni entendió, ni entiende, ni entenderá (la frase, digo), y tantas otras, improvisando discursos que luego pueden ser trasladados a papel sin tocar ni una coma, escribiendo libros como "El Jardín de los Frailes" o "La Velada en Benicarló", siendo criticado por derecha e izquierda, denostado por los intelectuales por ser, precisamente, un intelectual metido a político, cuando ya se sabe que los intelectuales lo que tienen que hacer es criticar y criticar hasta hartarse, pero sin bajar al piso, osea, sin llenarse las manos de mierda.
Me quedo con una de sus frases, que resume a la perfección lo que, en gran parte, es este país:
"En España, la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro"
Tibia, lejana, digna permanece la luz en Montauban.




