martes, 3 de noviembre de 2009

La lumbre de Montauban

En estos días en los que lo más importante parece la corrupción, que si la trama Gurtel (la Trama por excelencia), la trama de Santa Coloma, lo de Lugo, lo de Mallorca, lo de Caja Madrid, lo de Maroto y el otro y la moto de mi cipoto, como si hubiéramos descubierto ahora la corruptela, el compadreo y lo otro.
En estos días, digo, donde los medios de comunicación (los mass media, como decía un profesor finolis de mi facultad) nos bombardean como a borregos un día sí y otro también, diciéndonos que qué vergüenza esto y lo otro ("esto" y "lo otro" dependen, en su esencia y gradual importancia del canal que se ponga), sazonándonos la mierda con un poquito más de mierda espolvoreada a granel (que si un Gran Hermano por aquí, un Pekín Express por allá, que si el Granjero busca Polvo, que si el Aprendiz, que si esta gilipollez, que si esta otra)... y nosotros venga a tragar, porque ya bastante nos porculean en el trabajo y en la Administración, que si Fulano tráigame este papel, que si le falta a usted para cumplimentar la instancia un certificado de la primera vez que tiró usté de beta (que cagó, vamos, siendo usté un mico, osea, un niño de teta), y tal, y tragando y tragando, porque llegamos derrengados y encima hay que dar gracias por no estar en paro, que esa es otra. Y venga, mierda por un tubo, y un sistema "democrático" que genera, por su propia naturaleza, corrupción a espuertas, y venga a decirnos todos que qué vergüenza, cómo es posible, oiga, que yo para eso no le voté a usté, ni al otro, como si el pobre diablo que abre la boca para quejarse supiera realmente lo que está diciendo, el muy mamón.
Y hoy, tres de noviembre de 2009, 10:46 de la mañana, a nadie le importa un carajo la efeméride, salvo a cuatro chalados, como el menda. Hoy hace 69 años que murió Azaña: solo en el exilio, deshauciado por todos y por la vida en general, en una lúgubre habitación de un hotel en Montauban alquilada por la embajada de Méjico en medio de la Francia de Vichy, con los nazis conchabados por la policía de Franco para llevarse a Azaña atado con una correa exhibiéndolo por el Paseo de la Castellana.
Pero esa luz no se extinguió del todo, aunque nadie la recuerde hoy. Los telediarios no abriran en primera plana, porque no es actualidad, ,ni mierda de Gurtel ni Rajoy ni Zetapé ni Rato ni Aguirre ni la Trama ni la madre que los parió. Pero casi lo prefiero. De esta manera, silenciosa, la lumbre sigue, bermeja, arrojando tímida luz perpetua de dignidad republicana. La misma de "España ha dejado de ser católica", algo que la mayoría ni entendió, ni entiende, ni entenderá (la frase, digo), y tantas otras, improvisando discursos que luego pueden ser trasladados a papel sin tocar ni una coma, escribiendo libros como "El Jardín de los Frailes" o "La Velada en Benicarló", siendo criticado por derecha e izquierda, denostado por los intelectuales por ser, precisamente, un intelectual metido a político, cuando ya se sabe que los intelectuales lo que tienen que hacer es criticar y criticar hasta hartarse, pero sin bajar al piso, osea, sin llenarse las manos de mierda.
Me quedo con una de sus frases, que resume a la perfección lo que, en gran parte, es este país:
"En España, la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro"
Tibia, lejana, digna permanece la luz en Montauban.

domingo, 18 de octubre de 2009

Ágora, o la parábola del círculo

En mi última visita a casa (Avilés) encontrábame yo en una charla distendida y familiar, al socaire del último día de fiesta nacional. En un momento dado, el menda afirmó (con total convicción, y corrigiendo a otra persona) que los patos, en general, tenían alas pero eran incapaces de volar, como si tal fuese su naturaleza. Entonces David, sin darse importancia ni haciéndome sentir inepto, hizo una acotación sobre el asunto:
"-Sí que pueden volar, lo que pasa que a los patos del parque les cortan las alas, para que no marchen."
Bueno, esto puede parecer de perogrullo, y de hecho lo es. ¡Tantos años pensando que los pobres patos, ánades, anátidas en general, no poseían el don de Hermes! ¿Influenciada mi mente por la presencia del pato Lucas y/o Donald? Puede ser, pero no es a lo que voy.
A lo que voy, es a que algo que pueda parecernos simple, más claro que el agua, de cajón, siempre tuvo un primer descubridor o descubridores, y antes que él/ellos, tuvo unos primeros investigadores del asunto.
Digo esto porque el sábado pasado vimos "Agora", la nueva peli del Amenábar. Trata, como casi todo el mundo sabrá, de una parte de la vida de la filósofa Hipatia de Alejandría (finales siglo IV d.C.), en el tiempo en que los filósofos investigaban, teorizaban y se mojaban las manos comprobando (ensayo y error, etc) las teorías que bullían en su mente. La peli nos muestra a Hipatia como una investigadora del círculo, esa forma perfecta que, en principio, debe regir, en tanto que perfecta, el ordenamiento del universo, del mundo, de la vida.
Pero no todo lo perfecto termina funcionando. No digo más, para los que aún no la hayais visto.
Pero la peli habla de algo más. Está ahí un interesante reflejo del conflicto civil-religioso, a nivel histórico (miel para la abeja que soy yo), reflejado entre el obispo Cirilo (el futuro San Cirilo) y el prefecto Orestes, autoridad civil de un Imperio Romano a un tris de desaparecer (recordemos, fin "oficial" del Imperio de Occidente en 476 d.C.). También tenemos el conflicto personal, gentes que eran paganas al principio y terminaron convirtiéndose al cristianismo, la religión de moda y en auge, bien por propia convicción bien para medrar bien por obligación para salvar el pellejo, que eso siempre cuenta mucho. También hay amor, pero en una medida normal, platónico a veces, lo cual viene también al pelo (por lo del filósofa, y tal). Y, no nos engañemos, también es una película de Mujer. Una filósofa que da clases, que investiga en matemática y ciencia, que es una autoridad reconocida en la Biblioteca de Alejandría, pasada por el tamiz del cristinanismo se convierte en eso, una mujer, sin aditamentos, destinada, precisamente, a ser el aditamento del hombre, del varón. "Debe callarse", en general, según las Escrituras que lee el obispo Cirilo. Es lo que hay.
Hay dualidad en la peli. Los "malos" no son estúpidos, aunque algunos vayan de negro. Dentro del cristianismo también vemos luz (el obispo Sinesio de Cirene, por ejemplo, y las obras de caridad social repartiendo pan entre los pobres), y dentro de los paganos también vemos oscuridad (la intolerancia respecto a las nuevas ideas religiosas, la sed de venganza). Aunque supongo que todo esto cada uno lo interpretará acorde con sus propias convicciones. Como le venga en gana, vamos.
El círculo. La Tierra. El planeta, digo. Lo vemos constantemente, en planos hiperabiertos que descienden desde la ionosfera hasta el delta del Nilo donde se enmarca Alejandría, de seguido, sin corte de plano, en una peli española. Ya era hora, caray.
Pero el Amenábar nos engaña, nos somete a un fraude bien pensado. Todo el tiempo hablando del círculo, mostrándonos el Planeta entero, como si este fuera, realmente, un círculo. Pero todo es una apariencia. ¿No está, acaso, achatada por los polos...?
La peli es buena. Pienso que es la mejor película española del año, y de otros años también, y lo digo sin haber visto todas las demás, pero ni falta que hace. Pero no es una obra maestra. Muchas veces le falta "punch". Le falta algo. Emoción, a veces. Una música que hile las imágenes de una forma reconocible y emocionante. Esos zoom brutales sólo son acompañados por un lejano rumor. Hace falta más. Las peleas callejeras no admiten, a estas alturas, a secundarios y terciarios balanceando una pala de dientes parados sin saber dónde meterse para pelear. Alejandría es hermosa tal y como la retrata Amenábar, pero se echa en falta algún plano medio y corto más, de otros lugares que no sean la biblioteca y, precisamente, el ágora, esa plaza pública a la que accedían los ciudadanos en la antigua Grecia (no al Zigurat, por ejemplo, el templo al que sólo entraban los sacerdores).
Pero está bien, Alejandro Amenábar. ¿Qué habrías hecho con Alatriste? Ese héroe abatido reflejo de una España imperial a punto de deshauciarse, en una ciudad oscura donde por menos de nada te endiñaban dos palmos y medio de acero vizcaíno en una esquina.
El círculo. Lo perfecto no existe.
Todo, en la Vida, se puede curvar.
Id en paz, hermanos.

lunes, 28 de septiembre de 2009

De vuelta

Bueno, estoy de vuelta. Tras el receso vacacional, aquí estamos de nuevo, dándole a la tecla. Nuevas ideas y proyectos se funden con los viejos.
Hay cosas que no cambian: la crisis, la política, el sol por las mañanas... Pero en vacaciones la luz es distinta. Pasé las semanas de descanso en tierras norteñas, entre Galicia y Asturias, siguiendo la senda de los reyes asturianos de los siglos VIII y IX. Entre las costas neblinosas de Coruña, las hermosas torres románicas de la catedral de Compostela y los muros romanos de Lugo, hasta la vega de Santianes de Pravia, donde se funden el Nalón y el Narcea, bajo los pequeños arcos prerrománicos de la iglesia palatina de Santianes, allí donde la reina Adosinda (nieta de Pelayo) y el rey Silo fundaron la segunda capital del reino asturiano. Sería su sobrino, el rey Alfonso II "el casto" quien actuaría de primer peregrino a la tumba del apóstol Santiago Matamoros. No importa que Santiago jamás pisase España y que dicha tumba sea, con alguna probabilidad, la del obispo hereje Prisciliano. No importa. Dentro de la catedral el sol brillante de la mañana se cuela apenas por las vidrieras, envolviendo la nave central en un aura tenue de espiritualidad intemporal. Los pilares firmes, la tracería gris. Varias personas oran en los bancos, en silencio. Peregrinos en pie miran hacia arriba, como buscando el porqué de los callos de sus pies. Algunos parecen encontrarlo en el aire tibio que se mueve sinuoso entre las columnas y las ensombrecidas naves laterales. En una esquina, silencioso, un escudo del rey Ramiro de Asturias. Me paro frente a él. 842-850, me digo. Santa María del Naranco, me digo. Los normandos, me digo. Yo allí, me digo. Ana deambula aquí y allá, mientras yo intento imbuirme del ambiente. Botafumeiro enorme y quieto, espectante. Ana se acerca a las espaldas del Santo, en medio abrazo. Yo voy detrás de ella, subo el peldaño, oteo el fondo del altar, y con la zurda le palmeo en el hombro.
Una ola rompe en la playa. Avilés está en silencio. Mis padres y mis hermanos duermen. Ana también duerme, lejos. Es tarde. Estoy solo, pensando. Vacaciones para pensar, no está mal.
¿Lo mejor de todo? Que no hay mucho que pensar, no rompecabezas. Sólo proyectos ilusionantes. El pasado ya no pesa tanto. El futuro está sobre nosotros, en cada paso que damos.
Mientras duermen, separados, yo miro por la ventana en silencio. Me gustaría protegerlos a todos, pienso. Fuera silba una brisa cantábrica que entreteje la luz de las estrellas.
No está mal, me digo en un susurro.
Y yo mismo añado: por fin.

La vega de los ríos Narcea y Nalón, Pravia, en las medianas luces de la tarde

en un día de finales de verano.